Convertid vuestros discursos en acciones. Queremos hechos, no palabras.

Posted May 10, 2014 no picture Gemma Masferrer

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Joven en Haití. (UN Photo/Logan Abassi)

Joven en Haití. (UN Photo/Logan Abassi)

Estimados políticos,



Tengo 25 años y soy una profesora que quiere seguir satisfaciendo sus múltiples inquietudes y curiosidades, buscando el conocimiento de lo que nos rodea.
 Además de escritora novel, estudio una segunda carrera y emprendo un proyecto personal sin ánimo de lucro dedicado a la educación, la cultura y la acción social. 
En resumen: estudio, trabajo, escribo y emprendo.


A pesar de toda la actividad que desempeño y del interés constante por no dejar nunca de aprender y formarme, no llego a cobrar 400 euros al mes. Un sueldo que ingreso GRACIAS a un empleo de 2h30 diarias.


Francamente, entre nosotros, es frustrante haber seguido al pie de la letra todos los pasos estipulados y encontrarte, de repente, recluida en un ascensor encallado que parece ser que nadie puede reparar.


Lógicamente y como seguramente comprenderán, se hace muy difícil trazar perspectiva alguna de futuro en estas circunstancias descritas.



Pero hoy no escribo por mí. Ni siquiera lo hago por el futuro de los miles de jóvenes que se encuentran, desafortunadamente, en la misma situación que yo. Hoy escribo por el futuro de aquellas generaciones que todavía tienen que llegar.



He de confesar que tengo miedo. Miedo de los estragos que pueda causar la crisis. Miedo del desempleo y de los miles de sueños que poco a poco se hacen añicos y se funden con el tiempo.
 Miedo de los desahucios, del hambre y de la extrema pobreza. Miedo de la corrupción, la inseguridad y el desmantelamiento de la sanidad, la educación o la cultura. Miedo de un largo etcétera que, temiéndomelo mucho, continuará creciendo.


Creedme cuando os digo que estos temores son mucho más profundos que los que pueda provocar el hecho de perder un solo voto, o incluso unas elecciones. Se lo puedo asegurar. Nos jugamos mucho más que eso...



Soy joven y todavía me queda mucho por aprender y por hacer.
 Sólo puedo opinar desde una perspectiva y posición social humildes, apenas poderosa y apartada de ese núcleo que realmente decide las cosas.

Pero vosotros, vosotros los políticos, que os encontráis constantemente en los pasillos de los parlamentos y de las cumbres, y que afrontáis largos debates, comisiones, plenos,... vosotros podéis hacerlo. Vuestro día a día consiste en conciliar todas y cada una de las miradas existentes para llegar a acuerdos que nos hagan caminar juntos.
 A veces, sin embargo (y hoy es uno de esos días), me da la sensación de que os olvidáis del motivo por el que estáis aquí. Y es que, ¿de qué sirven tantas horas de diálogo aparente, si al final todo ese tiempo queda vacío, perdido, disperso como la bruma entre las altas montañas?



Dicen que somos lo que hacemos, y no lo que decimos. Así que, por favor, os pido que convirtáis vuestros discursos en acciones. En hechos, no en palabras.



Muy probablemente defenderéis vuestras causas encarnizadamente, lo cual es muy legítimo. Y comprensible, por otra parte. Diréis que no es posible llegar a acuerdos con según quién o qué, que es complicado encontrar puntos en común cuando hay formas tan diversas de ver las cosas (a veces, incluso, hasta contradictorias) y por la multitud de discrepancias.



Hoy me he propuesto que hagáis memoria de lo que un día fue posible en contextos igualmente desfavorables y poco alentadores.


Así pues, cuando penséis que no hay una salida que conduzca a ningún acuerdo posible para hacer frente a situaciones de emergencia y desesperación civil, recordad a Nelson Mandela abrazando a sus opresores y aliviando los temores de los suyos. Recordad a Martin Luther King haciendo realidad un sueño a contracorriente. Recordad a Gandhi cambiando el curso de un país entero con el poder de la palabra y la sonrisa. Recordad a todos aquellos que fueron capaces de sobreponerse a una situación compleja por el bien común.



No os pido que salvéis a mi generación. Desafortunadamente, ya está perdida... Lo que sí que os pido, si es verdad lo que decís cuando afirmáis tener vocación de servicio al pueblo, es que os pongáis a trabajar por todos los que vienen detrás nuestro.


Y para hacerlo, mal que os pese, nos necesitáis. Necesitáis escuchar las voces de una generación perdida. Luchadora hasta la médula, pero perdida al fin y al cabo.

Si realmente en algún momento habéis confiado en nosotros, los jóvenes, para ser constructores del futuro, dejadnos ser partícipes de ese proceso. 
Preguntadnos por nuestros miedos, consultad nuestras ilusiones, esperanzas y deseos. Compartid con nosotros el timón de esta difícil tarea.

Si dejáis que los jóvenes formemos parte de este proceso de cambio, la razón de ser de nuestra generación no habrá sido en vano...

No se ha de olvidar el presente. Los desempleados y los pensionistas merecen vivir con dignidad. Pero hace falta, sobre todo, pensar en clave de futuro.



Tenemos los recursos, la tecnología, el conocimiento... pero, ¿existe la voluntad? Yo quiero pensar que sí...


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