Cultura de violencia en Colombia

Posted December 5, 2013 Avatar Dana Gabriela Meriño

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Bogotá, centro de la ciudad.

Bogotá, centro de la ciudad.

Solo basta leer los comentarios que se publican en las redes sociales sobre cualquier tópico, leer artículos de opinión, ver o tan solo escuchar las noticias constantes relacionadas con la realidad de nuestra nación para darnos cuenta de la ráfaga de violencia que se despliega en casi la totalidad de los espacios de libre opinión o esferas sociales en Colombia; y focalizo el problema social de la violencia en Colombia porque siempre me ha incomodado una pregunta sobre nuestra sociedad colombiana y es ¿por qué el colombiano es tan violento, responde de forma agresiva y es en extremo pasional? Lo cual es una contradicción frente a la consigna que tanto pregonamos con orgullo cuando concierne a hablar de nuestro país y es que somos de los países más felices del mundo. La respuesta crucial a la que busco llegar para poder satisfacer mi entendimiento es si se trata de una cuestión genética o de la aprehensión que hemos hecho de un discurso de la violencia cuya raíz es estructural dentro de nuestra cultura y formas de vida.

Para tomar cualquier postura es necesario percibir nuestra aceptación y familiaridad con la violencia en la evolución como nación. El primer ejemplo es nuestro símbolo patrio representativo, nuestra bandera, que junto con el color amarillo y azul lleva un gran segmento de rojo, que como bien lo dijo Antonio Zea tipifica ” la sangre de los patriotas” que murieron en busca de la emancipación y libertad de esta grandilocuente nación, y aunque las batallas en los procesos de independencia de toda colonización en cualquier parte del mundo implicaron muerte, sangre y orgullo, lo que me parece curioso es que celebremos detrás del heroísmo la violencia misma, una violencia que se justifica por sobre todas las cosas; No es un secreto para nadie en la actualidad parte del pasado que nos precede, continuamos con un conflicto armado que no culmina estando inmersos en un proceso de paz que no sabemos si dará resultados favorables, convivimos con la cultura mafiosa, “traqueta”, asesina y trivial que nos ha marcado con el paso de los años y que hemos celebrado imitando sus comportamientos, adoptando sus gustos y aspirando a nadar en “billete verde “ como ellos, en fin son múltiples los sucesos que pudimos ver o vemos a diario que sin darnos cuenta celebramos, permitimos, toleramos y de cierta forma aplaudimos siempre siendo mojigatos e hipócritas ante la realidad (otra cosa que nos caracteriza) nos alejamos de la idea de que se trata de un problema social que trasciende factores aislados, que va más allá de la pobreza o las causas exógenas y apresuradas que buscamos como respuesta aliciente, este es un fenómeno de carácter macro sobre el cual no pensamos, no analizamos sino que por el contrario dejamos pasar por alto. Una cultura maquiavélica en la que cada quien busca lo suyo.

Al indagar sobre si la causa de nuestras conductas violentas se haya en aspectos genéticos o sociales hay varias tesis; por ejemplo desde la genética está el cromosoma XYY o síndrome del superhombre el cual desarrollan con mayor predisposición los presos según dicha ciencia, el gen de la maldad o como conocemos en la actualidad el gen del guerrero (variante genética MAOA L) puede ser la causa de conductas violentas que se presentan principalmente en hombres y en grado menos considerable en el género femenino, por lo cual ya de entrada descarto esta opción porque no se trata solo de un sexo que reproduzca conductas violentas sino de una sociedad lo cual incluye de igual forma a hombres y mujeres. Desde la psicología y la psiquiatría se trata de conductas anormales que deben ser tratadas con la finalidad de ser modificadas ¿pero qué tan neutrales pueden llegar a ser las respuestas que señalan al individuo como quien tiene el problema y es responsable dejando de lado el análisis de las causas exógenas y contextuales ?, habiendo tantas respuestas probables hay una desde la sociología con un enfoque materialista la cual habla de varios tipos de violencia que se desarrollan en todas las esferas sociales, van desde el individuo hasta la estructura estando inter relacionadas lo cual da una respuesta causal y consecuente desde el ángulo en que se mire.

La ola de violencia que padece nuestra sociedad esté estrechamente relacionada con dinámicas sociales, discursos, ideologías y tipos de violencia heredadas que reproducimos en nuestro diario vivir y de los cuales estamos siendo cada día testigos pasivos, victimas silenciosas o victimarios inconscientes dentro de la cotidianidad colombiana. Se siente en el ambiente la hostilidad que cargamos como forma de protección, quizá porque no nos sentimos seguros, pues hemos sido educados como una sociedad paranoica que debe estar atenta frente a cualquier peligro y debe ver en los demás a un enemigo sobre todo si lo percibimos como diferente.

Generamos una aprehensión de la violencia, esta pasa de ser exógena a ser intrínseca en muchos de nosotros lo cual hace que nuestro comportamiento o accionar este marcado por dicho rasgo frente a los demás, posteriormente podemos ver que hay una normalización de tal aspecto o de conductas que pueden atentar contra otros, asumimos como sociedad que es “normal” que maten, es normal la inseguridad, la desconfianza, la corrupción, el temor porque nos hagan daño nos llevan a asumir actitudes hostiles frente a terceros, y peor aún nos lleva a ver en esos otros a enemigos de los cuales nos debemos defender; Aceptamos sin reproches medidas de seguridad que apelan únicamente a las armas como vía de protección y a salidas represivas que por el contrario lo que hacen es estimular las respuestas agresivas o defensivas.

Podemos encontrar una causa en características estrechamente ligadas a estructuras en donde el poder se transforma hegemónico tales como el escenario político y económico, en donde a través de las instituciones se hace una legitimización de la violencia como una forma de mantener el poder e imponer el control dentro del sistema ya establecido; la violencia se ha normalizado incluso con algunas disciplinas académicas en donde se busca responsabilizar al individuo dejando de lado la responsabilidad o repercusiones de la estructura sobre tal sujeto,

la causa de nuestra violencia es por una parte estructural porque la ineficiencia de nuestras instituciones, sistema político y económico perpetuán una línea de desigualdad y dominación de unos poderosos sobre otros muy “vulnerables”, otro aspecto es también una violencia simbólica la cual se expresa en como aquellos sujetos sometidos a ciertas condiciones desiguales se ven a sí mismos y son vistos como los causantes del problema, un ejemplo claro de esto en nuestra gran sociedad colombiana puede ser: “es que los pobres son pobres porque quieren”, “ “claro, es que la violaron por andar mostrándose como una vagabunda”, esto lo escuchamos y quizá lo decimos, ya por ultimo otro aspecto de la violencia en Colombia no como la raíz de las problemáticas sociales sino como el fruto de procesos que han evolucionado con nuestra nación es una que pasa de ser simbólica a ser naturalizada por nuestra indiferencia o con nuestras apologías conscientes e inconscientes, a través de nuestros discursos o peor aún que llevamos a la acción, esta violencia que muta constantemente es la papa caliente que se lanza en las manos de las “victimas” a los cuales se señala de verdugos de su propia realidad lo cual puede ser entendido como una cortina de humo que es lanzada para distraer del verdadero problema, uno que encuentra su gestación, nacimiento y evolución en un sistema que muchos percibimos como infructuoso, mal ejecutado que cae por su propio peso.

Aunque es innegable el hecho de que somos seres constitutivamente violentos, que es casi un factor de supervivencia y un mecanismo de adaptación no podemos negar que hacemos parte de una nación que ha convivido con la guerra por más de 50 años (muchos más si hablamos desde la génesis como nación); nuestros abuelos, padres, hijos y nosotros llevamos en la memoria los estragos de la guerra. Cómo no preferir el entretenimiento barato de la televisión o medios tradicionales si lo que queda es una realidad que no ofrece muchas alternativas y es escéptica frente al futuro, es quizá por eso mismo que somos indiferentes, aunado al desconocimiento de nuestra historia, el que buscamos excusas para olvidar el pasado y el crudo presente; incluso podría decirse que muchos nos acomodamos como bien podemos dentro de la realidad y los tipos de violencia, que estamos conformes y aceptamos sin tanta censura la violencia como algo cotidiano y “normal” ; quizá la suma de acciones individuales que son incluyentes con los otros afectarían en el todo de la sociedad, un cabio paulatino de mentalidad y ver en el otro más que a un enemigo un apoyo puedan ser el inicio de una transformación favorable para todos.





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