Rompiendo el Silencio: el abuso sexual infantil en el Caribe

Posted May 23, 2012 User_image_bg Tamar Hahn


Kingston, Jamaica, 15 de mayo de 2012 – Un niño de nueve años violado sistemáticamente por el pastor con el que su madre lo dejaba mientras ella trabajaba; un bebé de 18 meses que muere con los órganos internos desgarrados porque su tío lo violó; una niña pequeña infectada con VIH, gonorrea, sífilis y herpes por un tío que entraba y salía de la cárcel.

Estos son algunos de los casos que ha tratado Sandra Knight, una médico general que trabaja en el hospital pediátrico de Kingston desde hace 10 años. Los horrendos casos la han atormentado e impulsado a actuar y hablar con la prensa. El relato de la doctora Knight conmocionó a Jamaica y disparó una avalancha de artículos periodísticos de portada en todo el Caribe de habla inglesa sobre abuso sexual de niños.

“Sentía que mis colegas se estaban volviendo complacientes en este tema”, manifestó Knight. “A la vez, sentía un tsunami frente a mí y me estaba afectando, porque yo también tengo una hija de seis años. Vi a estos niños morir, enfermar, quedar traumatizados de por vida”, agregó.

Una emergencia silenciosa

El abuso sexual infantil suele resguardarse en el silencio y la vergüenza. Aunque la mayor parte de los casos de abuso se ocultan, sabemos que casi 150 millones de niñas y 73 millones de niños menores de 18 años han experimentado un coito forzado u otras formas de violencia sexual en todo el mundo (OMS 2002). En el Caribe, la violencia sexual muchas veces no es reportada y el abuso suele ser aceptado. Un estudio realizado el Jamaica indica que muchos hombres creen tener derecho a establecer relaciones sexuales con las niñas bajo su cuidado, y que niños en Guyana creían que la violencia sexual muchas veces es el resultado de la ropa utilizada por las víctimas. La violencia sexual contra los niños es la menos reportada y, en algunos países, ni siquiera se la considera un crimen.

“El abuso sexual ocurre en todas partes: en el hogar, en la escuela y en otras instituciones, y tiene graves consecuencias físicas, psicológicas y sociales, no solo en niñas y niños, sino también en la trama social. Es uno de los principales factores de transmisión del VIH, y por eso no sorprende que esta región tenga una de las mayores tasas de prevalencia de VIH y SIDA del mundo”, subrayó Nadine Perrault, asesora regional de Protección de la Infancia para América Latina y el Caribe.

“Nuestra experiencia en la prevención y respuesta ante el abuso sexual nos ha enseñado que las leyes por sí mismas no logran proteger a los niños, principalmente debido al silencio que rodea a este fenómeno y a los riesgos que las víctimas corren si denuncian los hechos: estigma, vergüenza, daño y más violencia. Además, muchas veces los niños no saben a quién acudir”, agregó. En un esfuerzo por acabar con el tabú que rodea al abuso sexual infantil, la Universidad de las Indias Occidentales en Trinidad y Tobago creó la campaña “Osito de peluche”.

Con la imagen de un osito de peluche azul con un parche en el corazón y la consigna “Rompe el silencio”, la iniciativa ha servido para crear conciencia y movilizar a una amplia variedad de asociados gubernamentales y no gubernamentales para la protección de los niños frente al abuso sexual.

La campaña fue tema de debate en la Conferencia subregional de seguimiento del Estudio del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la Violencia contra los Niños (2006), que tuvo lugar en Kingston esta semana. Actualmente, UNICEF trabaja para ampliar esta campaña a otros países del Caribe.

“Algo de esta conferencia que me afectó profundamente fue descubrir la altísima tasa de abuso sexual que hay en el Caribe”, declaró Marta Santos Pais, representante especial del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la violencia contra los niños. “Creo que todos los actores de la región están profundamente comprometidos a actuar y muy entusiasmados por la oportunidad de reproducir la campaña Osito de peluche. Confío en que la campaña se repita y adapte en cada país, y en que tengamos mayor conciencia, mayor compromiso y menos casos que lamentar”.

Defender los derechos propios

En marzo de 2012, Taisha (nombre ficticio), de 15 años, volvió a pelear con su madre, quien la echó de la casa. Taisha se fue a la casa de su hermana, y fue allí donde su hermano de 19 años llegó y la violó, para huir después. Aunque traumatizada, Taisha no perdió el tiempo y lo denunció a la policía.

El departamento de policía de Jamaica tiene una unidad especial para este tipo de delitos: el Centro de investigación de delitos sexuales y abuso infantil (CISOCA, por sus siglas en inglés). Cuando un niño se presenta en un hospital o una dependencia policial para denunciar que ha sufrido abusos, se llama al CISOCA. Un funcionario especialmente capacitado entrevista a la familia, mientras otro permanece con el médico que examina al niño.

“Mi madre no me creía y yo no sabía qué hacer, entonces decidí ir sola a la policía”, contó Taisha.

A diferencia de Taisha, la mayoría de los niños son acompañados por sus madres, muchas de las cuales han sido víctimas de abuso también.

“Es un círculo vicioso”, explicó Knight. “Las madres que sufrieron abusos de niñas y no obtuvieron ayuda ven que la historia se repite en sus hijos y no hacen nada o los culpan a ellos, porque lo ven de una manera distorsionada. Algunas sienten tanta vergüenza que no quieren que sus hijos pasen por eso y lo ocultan”.

Taisha está ahora en un hogar seguro, asiste a la escuela y piensa en una nueva vida. “A las niñas y adolescentes de todo el mundo que pasaron por lo mismo que yo les diría que mantengan la cabeza en alto, que están aquí por alguna razón, y que no deben permitir que lo ocurrido las detenga en su camino”, dijo. “Acudir a las autoridades es lo mejor que se puede hacer, porque guardárselo no sirve de nada”, aconsejó.




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