Una vieja deuda que sigue pendiente

Posted April 26, 2012 no picture

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Se trata de la malaria, enfermedad milenaria que solo en 2010 afectó a 200 millones de personas y se llevó la vida de 655.000 (un gran porcentaje de ellos niños y niñas de África). De acuerdo a la ONG Plan, la malaria mata en África a más niños que cualquier otra enfermedad: Un menor muere cada 45 segundos.

La malaria se contagia a través de la picadura de mosquitos infectados los cuales crecen en zonas húmedas y se reproducen en el agua; esta enfermedad constituye todavía una amenaza para más de 3.000 millones de personas en decenas de países pobres. La Organización Mundial de la Salud calcula sus costes directos para la riqueza global en unos 12.000 millones de dólares anuales, pero el impacto indirecto sobre millones de familias que cargan cada año con la enfermedad es infinitamente mayor.

Si bien, durante la última década más de un tercio de los países con malaria endémica lograron reducir los casos de malaria en un 50% o más y las muertes por malaria en todo el mundo se redujeron en más del 20% entre 2000-2009, las cifras siguen siendo inaceptables si tenemos en cuenta que la malaria constituye hoy una enfermedad prevenible y tratable.

Pequeñas inversiones en la lucha contra la malaria pueden marcar la diferencia: por ejemplo un mosquitero para cama que dura 3 años y permite proteger a varios niños cuesta apenas 5 dólares. Los test diagnóstico y a tiempo, que tienen un coste de 0,59 dólares son también un paso esencial en el control de la malaria. Iniciativas innovadoras en este sentido han surgido como el proyecto Malaria Spot, el cual se basa en una plataforma de diagnóstico a través de juegos online.

Hay todavía mucho que hacer y también a niveles más amplios: el estado social y económico de las familias tiene mucho que ver con su vulnerabilidad a enfermedades como la malaria y a otros factores que indirectamente pueden aumentar esta vulnerabilidad como el factor climático: En Pakistán, los casos de malaria se triplicaron tras las inundaciones, demostrando así la estrecha relación entre la malaria y el cambio climático.

Mucha gente sigue trabajando día a día en la lucha contra esta enfermedad y gracias a ellos y ellas en gran parte, se han logrado cosas significativas durante esta última década. Es el caso de Valentina Buj, especialista en Malaria de UNICEF:

Empecé a trabajar con la malaria casi por casualidad (otros lo llamarían destino). En el año 2001 estaba en Turquía cuando me entregaron una gran cantidad de expedientes de proyectos para evaluar. El primero de todos era sobre una presa recién construida en el sureste, y como consecuencia, un aumento progresivo en los casos de malaria entre los trabajadores migrantes.

Me sentía enojada por la injusticia de que una enfermedad prevenible, que mucha gente pensaba que se había erradicado en la década de los 60, todavía estaba matando a millones de personas en todo el mundo.

Sigo trabajando con la malaria porque es prevenible y tratable: en sólo tres días, unos simples diagnósticos y medicamentos pueden dar a los niños pequeños la oportunidad de crecer sanos y fuertes. Sigo luchando porque estamos a las puertas de una nueva oportunidad histórica para derrotar definitivamente esta enfermedad y dar a los niños la mejor vida posible, una vida sin malaria.

Imagen: Niños tras una mosquitera tratada con insecticida provista por UNICEF, en el templo de Bang Krai Nok en la provincia de Nonthaburi en Tailandia. © UNICEF/NYHQ2011-1823/Piyanun Kiatnaruyuth. Tailandia, 2011




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