A Ambos Lados del Charco: Los Problemas Que Afronta la Juventud Venezolana, Española y Mexicana

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Roberto Aguilar
Se registró el día 11 de agosto de 2017
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Foto disponible en: pexels.com Autor: Markus Spiske

Foto disponible en: pexels.com Autor: Markus Spiske

*Artículo escrito en colaboración con María González y Jesús Prior.

La juventud en la actualidad ha cambiado drásticamente si la comparamos con la de hace 20 o 30 años. Esto se debe a fenómenos como la globalización, que está en todos nuestros países y cada día influye en nuestras vidas. A medida que avanza el tiempo, el mundo está cada vez más comunicado gracias a los avances tecnológicos, desarrollo económico de países emergentes y el mestizaje que se ha dado por la creciente migración a nivel mundial en las últimas décadas. Si bien muchos de los jóvenes de hoy tenemos acceso a herramientas que antes no existían como el Internet, educación en línea, entre otras, los problemas que tiene la humanidad son totalmente distintos y requieren de nuevas ideas. En esta era marcada por la incertidumbre, somos los jóvenes los que tenemos la responsabilidad de cambiar nuestras realidades, ya sea por errores del pasado o malas decisiones del presente, debemos responder por nuestras sociedades y países porque si no lo hacemos nosotros, ¿quién más lo va a hacer?

El caso de la juventud en Venezuela es bastante particular. El país actualmente atraviesa la crisis más grave de su historia en cualquier ámbito. Ya sea económicamente, socialmente o moralmente, se están viviendo momentos sumamente difíciles. El Observatorio Venezolano de Violencia estima que en 2016 hubo 28479 muertes violentas en el país y que el número puede seguir creciendo en 2017 si no se toman medidas. También se vive la escasez de productos de primera necesidad más grande que jamás haya existido en la nación, que es de más del 80% según cifras de Datanálisis en 2016. En el presente 2017 también vivieron una oleada de protestas que dejó un saldo de más de 120 muertes.

Pero más allá de todo esto, aún hay jóvenes que estudian y trabajan para sacar al país adelante y además de esto, todavía hay quienes van y dejan en alto el nombre del país en el exterior. Tal fue el caso de la selección sub-20 de fútbol que obtuvo un subcampeonato del mundo este año y la delegación de la Universidad Católica Andrés Bello que fue la mejor en el Modelo de las Naciones Unidas organizado por la Universidad de Harvard. Así como ellos, hay millones de héroes anónimos que salen cada día a formar un país mejor y luchar contra la adversidad. No los dejen solos, apoyen las iniciativas que nos ayuden a tener un futuro más esperanzador. Es necesario entender que esos problemas no son solo números o estadísticas, son vidas de personas que se pierden o se ven afectadas y seguirán viéndose afectadas mientras nadie haga nada al respecto.

México es un país joven, aunque también es un país con un amplio matiz de problemáticas que afectan a su gente. En este país, las personas jóvenes concentran un gran sector de la población, ya que de acuerdo a un censo de población realizado en 2014 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 26.3% de la población están en un rango de 15 a 29 años. Por otro lado es este sector, el que concentra una gran parte de las problemáticas que aquejan al país.

En el “Diagnóstico de la Situación de los Jóvenes en México” realizado en 2013 por el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE) se identifica una gama de escenarios que enfrentamos los jóvenes día con día, como la pobreza, la marginación, la falta de servicios de salud o de oportunidades educativas; pero son la desvinculación entre los jóvenes y el entorno que los rodea y la deficiente formación y desarrollo de habilidades a falta de oportunidades que permitan el desarrollo personal, las condiciones que podemos identificar como la raíz de la situación de las juventudes en México.

La población mexicana encara diversas problemáticas, empero, las principales en la actual coyuntura son las que aquejan a las personas jóvenes. Por un lado, si las autoridades no toman cartas en el asunto y procuran la creación de oportunidades para garantizar el crecimiento de las juventudes, el rumbo que lleva México será el mismo. Por otro lado, si como juventudes no creamos el interés por procurar la cercanía a la esfera pública para exigir nuestros derechos y que nuestras opiniones sean escuchadas así como la procuración de la empatía hacia el resto de las personas y hacia nuestro entorno, continuaremos inmersos en la misma situación.

Por otro lado, el caso de la juventud española no es tan diferente a la venezolana y mexicana en ciertas cosas, aunque en en este caso se tiene la suerte de que la alta mortalidad no se cuenta entre los problemas que asolan a los jóvenes. En la última década, desde el inicio de "la crisis", los medios españoles han acuñado el término "nini" para referirse a los jóvenes que "ni" trabajan "ni" estudian: en 2016, el 22,7% de los españoles entre 15 y 29 años. El paro juvenil en España ha alcanzado cifras extremadamente preocupantes, con un porcentaje del 40,5% que nos sitúa en segundo puesto por la cola de la Unión Europea, solo superado por el 48% de los jóvenes griegos. Para más inri, de los menores de 25 años que cuentan con empleo el 73% solo tiene contratos temporales, en muchas ocasiones estacionales.

Así, la falta de oportunidades “empuja” a jóvenes españoles a buscar fuera: en 2014, seis de cada diez jóvenes planeaban irse de España en busca de oportunidades. Y vaya si lo hicieron: 794.209 personas nacidas en España se encuentran ahora viviendo en el extranjero, siendo destinos preferentes los países de la Unión Europea con menor tasa de paro. Todos tienen historias propias, de amigos o familiares en Reino Unido, Alemania o Suiza, y la mayoría encaja en uno de estos tres patrones: jóvenes cualificados trabajando en trabajos de poca cualificación intentando sacarse unos ahorros mientras buscan algo mejor; jóvenes trabajando “de lo suyo” fuera esperando la oportunidad de volver a casa con unas condiciones dignas; o “aventureros” en busca de nuevas experiencias (este último grupo es el menos habitual, por mucho que el Ministro de Exteriores insista en decir lo contrario).

Por todas estas razones, surgen en la sociedad civil iniciativas como la del colectivo Juventud Sin Futuro, cuyo lema reza "Sin casa, sin curro, sin pensión. Juventud sin miedo. Recuperando nuestro futuro. Esto es solo el principio", y que recientemente ha cesado su actividad con un comunicado que es una declaración de intenciones: “Quisieron robarnos el futuro, pero solo nos quitaron el miedo”. En respuesta a la migración masiva y no deseada de la juventud española, movimientos como el #NoNosVamosNosEchan de la Marea Granate reivindican un futuro mejor y luchan para que quienes así lo deseemos podamos regresar a casa. En definitiva, los mismos jóvenes se revuelven contra un destino no elegido y se organizan para lograr una salida.

En España, en Venezuela, México y en cualquier país del mundo se ve cómo la juventud está amenazada por factores externos e internos contra los que enfrentarse es una tarea ardua y fastidiosa, que requiere esfuerzo, ganas e ilusión. Sin embargo, precisamente las ganas y la ilusión son las características que definen a la juventud: la resiliencia, la cooperación y la esperanza son valores que las generaciones más jóvenes llevan por bandera y gracias a las cuales salimos adelante de las situaciones más oscuras. Y que nadie se atreva a intentar quitarnos la esperanza, otra cosa que tenemos los jóvenes es mucha cabezonería: no nos rendimos por las buenas.





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