Centroamérica Se Quema y el Mundo Da la Espalda

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Emilio Rodríguez
Se registró el día 14 de agosto de 2017
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“Agosto Negro”. Pintura representativa con 904 puntos negros en el cielo—Emilio Rodríguez y Andrea Rodríguez, 2015.

“Agosto Negro”. Pintura representativa con 904 puntos negros en el cielo—Emilio Rodríguez y Andrea Rodríguez, 2015.

Es una semana común y corriente de septiembre 2017 en El Salvador. Sin embargo, en tan solo tres días, jueves 22, viernes 23 y sábado 24, se contabilizaron 92 muertes violentas. Para ponerlo en perspectiva, es casi un tercio de las víctimas del fatídico terremoto en México. Pero parece ya no ser sorpresa: el hecho no logra ser primera plana ni en los periódicos digitales de la región. Mi mente regresa a episodios como el “mes negro” de El Salvador, agosto 2015, cuando 904 personas fueron asesinadas. En una región donde durante ya varios años ha habido promedios de hasta 24 homicidios diarios, la muerte se percibe, lastimosamente, como algo normal.


Crisis doméstica y extranjera.

Los países del Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) están consistentemente entre los 10 más peligrosos del mundo en cada estudio. El Salvador y Honduras llevan años encabezando la lista de los países con la tasa de homicidios más alta en relación a la población. Ante una crisis implacable, decenas de miles han escapado, en ocasiones, literalmente de la muerte en sus países.

Para estudios detallados sobre la crisis de violencia Centroamericana, visita Insight Crime.

Sin embargo, la crisis no termina al abandonar el Triángulo Norte. Una gran parte de los migrantes, especialmente aquellos con menores recursos económicos y legales, decide atravesar México “ilegalmente” para llegar a Estados Unidos. El viaje es tan peligroso que se le ha denominado el “camino de la muerte”.

“Si en México los migrantes flotaran como en el Mar Mediterráneo, tendríamos cadáveres por todo el país flotando.” Dijo Martha Sánchez Soler, de la ONG Movimiento Migrante Mesoamericano. “Los migrantes aquí son invisibles, terminan en las fosas clandestinas, o como esclavos sexuales y laborales” (videos relacionados).


Respuesta Internacional.

Centroamérica se quema y el mundo da la espalda (Leer más). Ante esta crisis migratoria, la cobertura mediática es escasa y la ayuda humanitaria extremadamente insuficiente. La respuesta de los gobiernos locales de Guatemala, Honduras y El Salvador es deficiente en su intento de contener la crisis doméstica, que no da signos de mejoría.

México actúa como el perro guardián de los Estados Unidos, deteniendo y repatriando a los migrantes Centroamericanos en todos los puntos del país (se estima que México ha detenido a 461,738 migrantes, casi medio millón, provenientes del Triángulo Norte). Un factor relevante ha sido el programa “Frontera Sur”, implementado por el gobierno mexicano desde el año 2014 para contener al flujo de migrantes. Este programa ha fallado en respetar los derechos humanos de los migrantes, ya que “criminaliza en los hechos a la migración indocumentada, se le persigue, se le detiene y se le deporta sin consideraciones respecto a la vulnerabilidad de la población” (Observatorio COLEF).

Mientras tanto, Estados Unidos plantea un reforzamiento de sus medidas migratorias que atenta contra los derechos humanos de millones de migrantes, y que ha sido denunciado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos debido al impacto negativo que tendrá en la crisis humanitaria ya existente en la región. El número promedio de personas deportadas diariamente de Estados Unidos ha estado más o menos en 1200, de las cuales el 93 % son latinoamericanos (Univision). Sumado a dichas medias, los migrantes centroamericanos enfrentan una ola de xenofobia y rechazo que los discrimina, estigmatiza, y cataloga de forma injusta como criminales.


Protección Legal.

Mi llamado imperativo de ayuda encuentra su fundamento pragmático en el derecho internacional. Los países firmantes de la Declaración Universal de Derechos Humanos tienen la responsabilidad, bajo el artículo 14, de responder de forma justa ante las personas que entran en su territorio buscando refugio.

Sin embargo, la dificultad radica en que los migrantes centroamericanos son considerados legalmente, en su mayoría, como “migrantes económicos”, no refugiados. Según la definición original de 1951, refugiado es toda aquella persona que se encuentra fuera de su país de origen y que tiene un miedo fundamentado de persecución debido a su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social en particular, u opinión política, y que tiene imposibilidad o indisposición de regresar (ACNUR).

La definición original de refugiado falla en cubrir de forma precisa a las víctimas de violencia pandilleril en Centroamérica. Como respuesta a dichas limitantes, la Declaración de Cartagena sobre Refugiados y el Plan de Acción Brasil, entre otros, han buscado expandir la cobertura del estatus de refugiado para proteger a quienes huyen de la “violencia y la persecución por parte del crimen organizado transnacional y de violencia relacionada dentro del llamado Triángulo Norte de América Central” (ACNUR)

Sin embargo, la mayoría de migrantes centroamericanos siguen sin gozar del estatus y protección de refugiados. Se estima que por cada persona que recibió estatus de refugiado en México, el gobierno detuvo a 147 personas migrantes. Canadá, por ejemplo, ha recibido a más de 46,000 refugiados en el lapso de los últimos dos años, pero la cifra de asilos otorgados a centroamericanos es tan pequeña que no se encuentra en sus listas.


Acción es necesaria e inmediata.

Los migrantes que huyen de Centroamérica han exclamado sus gritos de ayuda ante una multitud de oídos sordos. Muchos no han logrado que sus voces sean escuchadas, ya que la concientización sobre la crisis es todavía mínima a nivel mundial. Es mi fuerte esperanza que después de ver tanta evidencia, y la necesidad de respuestas concretas, nos unamos a compartir la información sobre la crisis y ayudar de toda manera posible. Un apoyo tangible se puede hacer a través de hogares de refugiados en México, como el Hogar La72, que otorgan refugio, atención médica y legal a los migrantes.

Cabe destacar que la crisis migratoria afecta de manera marcada a los niños. La niñez se ve terriblemente impactada por la desintegración familiar y el reclutamiento de las pandillas en sus países de origen. En los últimos años, un número creciente de niños y jóvenes están formando parte de la población que huye “ilegalmente” a través de México, acompañados por su familia o por su propia cuenta, siendo víctimas de todo tipo de abusos.






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