Cuando la Sociedad Civil Toma las Ciudades

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Yoselin Ivette Gamez
Se registró el día 10 de agosto de 2017
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Pedro Mera, Ciudad de México, México.

Pedro Mera, Ciudad de México, México.

Escribo desde aproximadamente 100 kms del epicentro de 7.1 grados que ha golpeado los estados de Morelos, Puebla, Estado de México, Guerrero y la Ciudad de México; y que se suma al de 8.1 grados sucedido días atrás en Oaxaca, Chiapas y Tabasco. Los mexicanos hemos pausado el sueño, llorado con gran dolor, amor y orgullo; resistimos gracias a la solidaridad.

Desde el 19 de septiembre a las 13:14 horas, algo extraordinario ha pasado en México; la sociedad civil ha tomado la gran ciudad capital, la colonial Puebla y los coloridos municipios de los estados afectados.

Con mucho dolor, lágrimas e incertidumbre, miles y miles de abogadas, cocineros, doctores, oficinistas, abuelos y universitarias que lograron sortear con vida este suceso, se reunieron en torno a los edificios derrumbados, las calles agrietadas, los antiguos museos o los acueductos para brindar atención a sus vecinos, a los desconocidos, o a quien lo necesitara.

Lo mismo en cadenas humanas de remoción de escombros y rescate de vidas, que en la dirección vehicular o la apertura de albergues y centros de acopio. Para una generación antes que la mía, esta escena podría trasladarlos al gran terremoto de 1985. Sin embargo, para mí ha sido el peor momento que he vivido en mi vida y al mismo tiempo, el que más me ha dejado helada al revelarme el poder del ciudadano.

Jamás había experimentado similar movimiento de la tierra, tampoco el encontrarme con mi ciudad en completo caos, con el conocimiento del constante aumento de víctimas mortales, sin electricidad, servicios de telefonía e internet. Nunca antes había visto la fuerza que toma la sociedad civil frente a la catástrofe.

En cuestión de segundos, el centro del país pertenecía a sus ciudadanos, aquellos que organizaron, dirigieron y administraron la ayuda. No ha cambiado nada desde hace días; las madres han llevado a comprar víveres a los pequeños, los padres han sumado manos, los abuelos se han dirigido a los centros de acopio y los universitarios recolectan fondos e inspeccionan construcciones.

De un momento a otro, vivo en un México que ha dejado de lado preferencias partidistas, sexuales, género, religión, nacionalidad o color de piel. Éste es un país, en el que amamos al otro, usamos responsablemente las redes sociales, en el que no se pierde la fe, en el que no esperamos a que nuestras autoridades reaccionen, porque muchas no lo harán.

Hoy sé que cuando la sociedad civil toma las ciudades, es complicadísimo que salgan de ellas. Tengo la certeza que de ahora en adelante, nunca más regresaremos a nuestros hogares sin antes haber pensado en haber hecho una acción en favor del otro.

Nos duelen los cientos de vidas perdidas, buscamos con prisa a los desaparecidos, apreciamos la ayuda internacional y cuando todos los escombros se hayan reconstruido, los damnificados estén recuperados, nos habremos de aseverar: ¡nunca más dejaremos de tomar las ciudades, nunca más!

Es sumamente doloroso que los terremotos nos hayan recordado el olvido del otro, de nuestra fortaleza como sociedad, Más, sería de mayor gravedad, que aquellos ciudadanos del mundo, no caigan en cuenta que no deben esperar un evento extraordinario de la naturaleza para creer que en sí mismos y que existe una fuerza que olvida sueño, cansancio y el trauma.

Una fuerza que puede levantar a un país de escombros, cual sea el tipo de derrumbe, ya sea un gobierno que olvida a sus ciudadanos, la injusticia, violencia, pobreza o inseguridad.





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