De mi experiencia y el maltrato (en apoyo a Diana)

Publicado 5 de enero de 2013 Avatar Emma M. Oropeza de Anda

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Escribo este texto en apoyo a Diana, la autora de "De mi experiencia y el maltrato" http://lajuventudopina.org/posts/de-mi-experiencia-y-el-maltrato--2

Pues, desde hace algún tiempo la violencia es un tema que no deja mi cabeza en paz, como agresora y como agredida, en sus diferentes facetas y en su cotidianidad.

Cuando se vive rodeado de acciones violentas, ésta se llega a normalizar, entonces empezamos a creer que hacer un berrinche es normal, que exigir a nuestros padres, hermanos, amigos, etc. que actúen como nosotros deseamos es normal, que hacer cosas que no nos gustan por agradar a otros no tiene nada de malo, que exigirnos a nosotros mismos ser quien no somos y soportar situaciones que nos lastiman es cualquier cosa de la vida.

En mi familia como en muchos de los hogares mexicanos se vive o se han vivido situaciones asociadas a la violencia, si bien mis padres no llevan una relación conflictiva (dentro de los estándares señalados socialmente), reconozco actitudes agresivas en mí y en ellos. Los berrinches, la necesidad de perfección, de controlar a mis seres queridos, de juzgar, el no valorarme como persona y permitirme ser agredida por otros, son parte de mi pasado cercano. Acciones que aparentemente no son relevantes, porque no son golpes, porque no dejan marcas visibles o porque ahora no están de moda; también son violencia.

"Yo confieso" que he agredido y me he permitido ser agredida. La violencia tiene una tendencia a la normalización y a ser invisibilizada, que a veces resulta difícil reconocer en pequeños detalles de todos los días, de nuestra personalidad o de nuestra forma de relacionarnos.

Aún me cuesta trabajo hablar de mi experiencia y me resulta un poco incomodo reconocerme como agredida y agresora incluso de mí misma; pero el proceso de hacerlo me ha hecho crecer y mejorar como ser humano. Hasta hace tiempo estuve en una relación, donde no había golpes, donde había compatibilidad en situaciones en las que otras parejas discrepan, donde la pasaba casi siempre bien, pero donde no fui valorada como persona, donde el mínimo error era una razón grave para juzgarme y dejarme. Donde la intermitencia y la negación se convirtieron en la única forma de resolver los problemas.

Estuve en una relación en la que los estándares de calidad que yo debía cumplir eran altísimos, inalcanzables, tanto que se convirtieron en un reto cotidiano, crecí como profesionista y desarrolle muchas habilidades, pero me lastime y me permití ser lastimada, comparada, menospreciada, maltratada y no respetada. En casi siete años, nunca me valore como persona y como ser humano y tampoco fui valorada, al menos no de esa forma.

Como agresora, juzgue, controle, manipule y sobre todo no respete su individualidad y lo sobrevolare. Lo lamento.

No tengo mucho que decir, pero el tema sigue girando en mi cabeza, quizá la exención de ésta entrada no alcanzará el mínimo requerido, pero en verdad la violencia me preocupa mucho, me duele y me parece netamente injusto que desde niños nos formen un perfil en el cual es permitido ser agresor y agredido, al no reconocer a la violencia en detalles cotidianos.

Esta vez, los invito a crear relaciones que les permita compatibilizar su libertad individual con la vida en común (en realidad es muy fácil si uno lo decide), ya sean relaciones familiares, de pareja, laborales o académicas, la violencia no debe tener cabida en nuestra vida, el respetarnos y respetar a los demás es una buena herramienta para construir relaciones sanas, sin importar nuestra edad o el momento en que nos encontremos, siempre es posible reconstruir.




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