El Rostro de la Violencia

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Yoselin Ivette Gamez
Se registró el día 10 de agosto de 2017
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Jorge González Avilés, Iguala, México

Jorge González Avilés, Iguala, México

El coautor de este artículo es Fernando Colocho Navidad

Hay conceptos para los cuales hacen falta palabras para definirlos. Hechos para los cuales resulta más sencillo pensar en imágenes, construcciones visuales que encarnan aquello que tratamos de decir.

Uno de esos conceptos, que está profundamente arraigado en nuestra sociedad, es la violencia. ¿Por qué la violencia? Porque se volvió tan familiar que hace mucho tiempo dejamos de reconocerla en nuestro día a día.

Dejamos de reconocer que violencia es hacia donde apunta la mirada perdida de una niña que acaba de ser abusada sexualmente por su propia familia. Violencia es la causa que obliga a aquel niño a trabajar para comer mientras su infancia escapa sutilmente. Violencia son las lágrimas de una madre que acaba de perder a su único hijo por estudiar en un territorio controlado por una estructura “enemiga”. Violencia es el insomnio de un padre que prefiere cerrar su negocio antes de poner en riesgo la seguridad de su familia.

Para nosotros dos, ¿qué significa “violencia”?

En Puebla, México, violencia se refiere a los más de 80 feminicidios en lo que va del año, y a las más de 249 mujeres desaparecidas en el mismo período. Alude a las comunidades de la sierra, en su mayoría indígenas, que han perdido sus tierras frente a la concesión del suelo para megaproyectos.

En este país, hasta marzo de 2017, violencia significa las 30,991 familias que han clamado por la aparición de alguno de sus integrantes. Y es que aquí, tan sólo en 2016, 21,031 personas abandonaron sus casas para proteger sus vidas de actos violentos. Pero en este año, se ha registrado el mes con más asesinatos: en junio, a 2,234 personas y un montón de sueños se les arrebató la vida.

En suelo mexicano, violencia es que el 55% de la población ha insultado a los demás por su color de piel. Desde aquí, violencia es el sinfín de titulares, denuncias y promesas de políticos que no cambian la realidad del país.

Es el narcotráfico, el acoso callejero y sexual. En este punto del globo, nos falta la tranquilidad, el asombro, la anormalidad; vamos perdienddo la capacidad de admiración y sorpresa ante los hechos violentos que hemos presenciado, ya sea como víctimas o como testigos.

Creemos en la solidaridad como un paliativo a este momento, sin embargo, ¿cómo ejercerla cuando la violencia nos ha desprendido del simple saludar con una sonrisa al otro?

Por otro lado, en San Salvador, El Salvador, violencia significa las voces de los 5,278 salvadoreños que fallecieron en el año 2016 a causa de las pandillas. El vacío de las 11 personas diarias que mueren en promedio dentro de nuestro agobiado territorio. Esa angustia nos ha otorgado el indeseable privilegio de pertenecer al olimpo de los países más violentos del mundo.

Siendo el país más pequeño de Centroamérica, ha tenido que ver partir a miles de sus hijos hacia el extranjero por haber sido desplazados forzosamente a causa de los residuos de la guerra y las limitadas oportunidades de empleo digno.

Para nosotros la violencia hace mucho tiempo dejó de identificarse con un lugar específico, ahora se puede respirar en el ambiente; es una constante e implacable sensación de hostilidad, desconfianza y paranoia.

Violencia en nuestro país es la mano que se disfraza de dinero fácil para jóvenes con problemas socioeconómicos; la que se viste como la aceptación y el respeto que jamás habían experimentado en toda su vida. Es quien pretende proveer el afecto de aquel padre o madre ausente en el extranjero. Es quien seduce hacia la rebeldía y la vida desenfrenada. Es quien te quita la vida en forma prematura, desgarrando familias enteras en el camino.

En resumen, la población de El Salvador y México coinciden en algo más que el idioma y un pasado colonial; ambas temen por su camino de regreso a casa. En estos países latinoamericanos la anormalidad se ha fusionado con la cotidianidad.

En nuestros puntos geográficos, mientras más personas pierden la vida o huyen, nosotros nos preguntamos: ¿hasta cuándo? ¿Por qué dos naciones que sueñan en grande y trabajan duro todos los días, parecen estar inmersas en una espiral de violencia? pero sobre todo, ¿cuál es la salida?

La violencia ahora es imperceptible en nuestras realidades. Dejó de ser la excepción originada por problemas sociales específicos a ser la característica primaria de nuestros países, aquella que corroe lenta pero decididamente nuestro tejido social.

Este día, desde nuestras respectivas ubicaciones, hemos decidido detener la rutina y cuestionarnos sobre todas aquellas cosas, además de la violencia, que nos hemos dado a la tarea de normalizar.

Entonces dínos, y para tí, ¿qué significa “violencia”?





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