Fuego Cruzado.

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Valentina Londoño Urrea
Se registró el día 10 de agosto de 2017
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Un 6 de diciembre del año 2000 a las once de la mañana comenzó la incursión de los frentes 9, 34 y 47 de las FARC en el municipio de Granada, Antioquia. La toma guerrillera duró aproximadamente 18 horas y dejó un saldo de 23 civiles y 5 policías muertos.1

Eran tiempos de guerra en Colombia, todo por una idea revolucionaria, por la ambición de poder y personas que decían actuar en nombre de nosotros, de los campesinos, del pueblo. No solo fueron las FARC, hubo muchos otros grupos que actuaron en nuestro nombre en contra de todos.

Solo segundos pasaron para que el miedo llegara a todos y cada uno de los rincones de cada casa y de cada corazón. La guerrilla había llegado al pueblo.No había nada que los detuviera. Yo no pude hacerlo; nadie pudo evitar que la existencia de muchos llegara hasta ese instante. Yo era solo un niño, vivía en una casa humilde en una de las dos plazas del pueblo, con 3 hermanos más y mis padres. Todo comenzó como un día normal, dentro de la cotidianidad que estábamos acostumbrados a vivir. Recogíamos leche, jugábamos y hacíamos las labores del hogar como todos los días. A eso de las 10 de la mañana mi hermano mayor salió a comprar un poco de carne en una carnicería para hacer el almuerzo, tardó un poco de lo normal. Ya muchas voces corrían por el pueblo de que la guerrilla estaba cerca ya que días antes llegaron los paramilitares. De esto hablaban como si fuera una peste, yo sólo escuchaba, y sin entender mucho seguía a los mayores.

El reloj marcó las once, mi hermano aun no llegaba, y las campanas de la iglesia sonaron anunciando una nueva hora como siempre. Sin embargo, unos minutos más tarde todo comenzó. El sonido de los fusiles, la gente gritando, los camiones llenos de guerrilleros comenzaron a llegar. Las personas gritaban, se escondían, huían del mal que se avecinaba puerta por puerta. A mi mejor amigo no lo volví a ver. Unos dicen que lo mataron, otros dicen que está desaparecido, yo no tengo una versión clara, pero aún lo sigo esperando.Ya eran las 11:15 am, hubo un fuerte tiroteo, nos imaginamos de todo. No sabíamos por dónde comenzar a imaginar, pero lo peor llegó: mi hermano estaba muerto. Nos contaron que una señora lo intentó salvar, y por ese simple acto de bondad, los fusilaron a ambos.

El desespero, la angustia y el miedo del momento no fueron suficientes para evitar
que entraran a nuestra casa. No había hombre valiente que dejara sola a su
familia en ese momento. Entró un guerrillero, de apellido Suárez (el cual era
muy común en el pueblo). Párense, dijo el. Lo primero que pidió fue un
chocolate, imposible negárselo. Mi papá, creyéndose muy osado le preguntó: ¿se demora mucho?, y por el simple hecho de haber preguntado esto, murió frente a
nosotros, en la sala de nuestra casa. No nos atrevimos a gritar, a hacer algún
gesto hasta que se retiró.

Pasaron 15 minutos, ya eran las 11:30 am. Una fuerte explosión sacudió el
pueblo. Un carro bomba había explotado. Era casi que irreal todo lo que estábamos
viviendo. Yo solo sentía miedo, me sentía desamparado. Solo quedábamos tres en
la familia en solo segundos.

Metidos de bajo de la cama escuchabamos numerosos helicopteros del ejercito y de las mismas guerrillas disparar y tratar de luchar los unos contra los otros. Es algo que jamás podré olvidar, era solo un pequeño niño, y mi infancia se quedó ahí.

Horas después, en la noche del siete de diciembre, todas las personas, sumidas en el dolor, la tristeza y la esperanza realizan comisiones de acuerdo a la emergencia y así ponen su granito de arena. Ladrillos, primeros auxilios y ayuda humanitaria entre la misma comunidad podía observar. Como los militares del ejército patrullaban las calles me hizo reflexionar un tiempo después de que solo somos víctimas, y que los intereses por los cuales se luchaban día a día, arrasando pueblo tras pueblo, jamás fueron nuestra culpa, o nos vimos involucrados en ellos, solo hicimos parte del azar del fuego cruzado.

Con un saldo de no menos de 80 muertos, cientos de desaparecidos y miles de personas tuvieron que dejar sus casas y su pueblo para ir a buscar refugio y suerte a lugares extraños.Todos sabían lo que pasaba pero jamás, ni siquiera en estos tiempos, nos ofrecieron su ayuda sensata, y que gracias al “empuje paisa” logramos salir adelante.

Así culmina lo que para mí fue un holocausto, una barbarie, una casualidad en la que jamás quise ni pedí estar. Solo quedamos involucrados en el fuego cruzado en un conflicto de intereses entre muchas partes. Ahora, con miles de recuerdos, anécdotas e historias como estas, los granadinos que siempre se han caracterizado por ser personas trabajadoras y Echadas pa’ lante, reconstruyeron, perdonaron y superaron este difícil pasado.

Como lo denominó el periódico local en unas de sus publicaciones en diciembre del año 2000: “¡Semidestruida!, pero nunca desGranada” plasmaron la narrativa detallada de todo lo que sucedió, como memoria, como un honor a quienes perdieron la vida, la libertad y todo lo que tenían. Ví salir a miles de personas por el pequeño tramo de carretera que significa para mí un “hasta pronto”. Los ví irse, en camiones que recogían a los muertos, en buses, caballos y caminando, miles de desplazados. Hoy en día son personas hechas y derechas. A pesar de ver el pueblo destrozado por una guerra que los eligió por azar nunca se dieron por vencidos. Siempre hubo gente reconstruyendo, ayudando, guiando, poniendo su granito de arena para lograr lo que hoy conozco como la nueva granada, mi nuevo pueblo, un lugar en el cual tengo la certeza de que quienes perdieron la vida en ese momento son honrados y viven en la memoria de todos y cada uno de los granadinos.

Queda plasmado en un documento de Iniciativas de Autodeterminación y Resistencia Civil realizado en el Oriente Antioqueño: “Solo actuando como alianza, podremos superar nuestros problemas y plantearle a nuestra comunidad, a la región, al departamento y al país que entre todos podremos construir otros caminos que sean justicia, humanismo y equidad”.

Aquí no culmina esta historia. Aún queda viva en El Salón del Nunca Más ubicado en una de las dos plazas principales. Este recoge miles de memorias e historias para honrar. Un gran mural lleno de fotos de quienes desaparecieron, libros en memoria a ellos en los cuales los granadinos pueden escribir sus sentimientos hacia ellos en modo de catarsis o de aún mantener viva su presencia. También existe algo muy “impresionante” y es uno de los cuatro rines el carro bomba, explotado al lado del comando de la policía. Así que si tienen la oportunidad de visitarlo están muy bien recibidos en este pueblo.

Por último deseo aclarar que esta historia es ficticia, sin embargo abarca historias que contadas a través de la oralidad fui recogiendo por un tiempo hasta lograr plasmarlo en este artículo que significa mucho para mí y para quienes se sientan conmovidos e incluso identificados con el. No nací en este pueblo, mi familia materna lo es, sin embargo el hecho de que pocas personas en el mundo conozcan mucho sobre lo que fueron las guerrillas en Colombia no comprendan en su totalidad lo que se significó para las verdaderas víctimas estos actos violentos que si bien podrán ser erradicados con algunos acuerdos, hay algo que jamás se “erradicará” y es la memoria de todos y cada uno de los sobrevivientes a esta barbarie.

“CONSTRUIR MEMORIA ES HISTORIA DE TODOS”.

En el próximo artículo les contaré un poco sobre el periodo violento que vivió mi ciudad en el marco del narcotráfico, las bandas delincuenciales y el paramilitarismo.





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