La paz en dar todo de vos

Avatar AbrilPlessl
Se registró el día 13 de abril de 2015
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Kayla Montgomery recibiendo el primer premio en su última carrera escolar.

Kayla Montgomery recibiendo el primer premio en su última carrera escolar.

Kayla Montgomery no es alguien a quien yo conozca personalmente; poco y nada sé de su vida. Muchas personas que atraviesan situaciones difíciles, realizan grandes hazañas o descubrimientos quedan, a los ojos de otros, definidas por estos hechos. Aunque seguramente hay mucho más rondando su vida, me atrevo a hablar de Kayla como si un poco la conociera, ya que todos nos identificamos e inspiramos unos a los otros en diferentes aspectos.


Aunque dudo que ella lo sepa, admiro a Kayla Montgomey y me inspira con su ejemplo. Es una atleta de larga distancia, una de las mejores de EE.UU; tiene 20 años y desde los 15 sufre de esclerósis múltiple (EM). La esclerosis múltiple es una enfermedad degenerativa que afecta al sistema nervioso generando pérdida de sensibilidad y parálisis de las extremidades.


Cuándo le diagnosticaron EM ella jugaba al fútbol y lo tuvo que dejar. La EM se vuelve más presente cuando la musculatura se calienta; a mayor temperatura, menor sensibilidad, por lo que “adiós” a ser consciente de tus piernas como para manejar una pelota y esquivar obstáculos. Estuvo 8 meses sin sentir nada de la cadera para abajo; tras mucha rehabilitación comenzó a sentir de a poco las piernas y empezó a entrenar uno de los pocos deportes que podía hacer: correr. Uno pensaría que es una locura… es como perseguir a la enfermedad; ella lo ve como devolver la lucha que la enfermedad le presenta, defenderse, sentirse segura. Así es que le dijo a su entrenador: “No sé cuanto tiempo me queda; quiero correr rápido y no quiero que me detengas”.


En las carreras luego de impulsarse para empezar a correr no puede detenerse; su musculatura se calienta y a partir de ese momento no siente nada. Corre por inercia hasta llegar a la meta en donde su entrenador la ataja entre sus brazos, ella se desploma y grita al empezar a sentir el dolor del esfuerzo que no sentía que hacía, pide agua y hielo para volver a sentir sus piernas otra vez. Una y otra vez.


Algunos opinan que es una ventaja el no sentir el dolor, y por lo tanto una injusticia a la hora de correr. Es verdad; en cuanto a resistencia física tiene ventaja, pero la resistencia mental que debe forjar y sostener creo que es la suficiente como para desequilibrar la ventaja.


Muchas veces me encuentro entrenando danza y me enojo conmigo misma, no porque no me haya salido algo, no porque todavía no tenga la capacidad para hacerlo, sino porque no dí todo de mí. La resistencia y fuerza psíquica son las que finalmente nos ponen los límites.


Aunque nos esforcemos en algo muchas veces sabemos que podríamos dar más, que probablemente con el suficiente esfuerzo lograríamos hacer aquello que no logramos hacer. Ponemos excusas, nos quedamos en lo cómodo y eso nos inquieta, nos incomoda.


Kayla sabe que algún día probablemente no podrá correr más, pero ese día sabrá que lo dio todo.


Uno puede sentirse en paz con eso.





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