La situación de la niñez es grave en la República Árabe Siria, incluso donde no hay combates

Publicado 7 de febrero de 2013 User_image_bg Iman Morooka


Información desde Amán (Jordania): mediante una serie de preguntas y respuestas, el asesor regional para situaciones de emergencia de UNICEF, Bastien Vigneau, describe lo que ha visto en Tartus (República Árabe Siria), así como sobre la labor de UNICEF allí y todo lo que queda por hacer. AMÁN, Jordania, 25 de enero de 2013. Hablamos con el asesor regional para situaciones de emergencia de UNICEF, Bastien Vigneau, durante su misión en Tartus, una importante ciudad portuaria de la República Árabe Siria, en el mar Mediterráneo.

Vigneau trabaja en la evaluación de las necesidades de los niños y las familias desplazadas de otras partes del país a causa del conflicto y en la preparación para ampliar los programas de UNICEF.

P. ¿Cuál es la situación humanitaria en general en Tartus?

R. Tartus es una zona que hasta ahora se ha librado de la violencia del conflicto que sacude muchas otras partes del país, por lo que inicialmente aquí se tiene una sensación de relativa tranquilidad. Es una ciudad de la costa que ha prosperado en la industria de buques, pero ahora, según la Media Luna Roja Árabe Siria, alberga a más de 25.000 familias, lo que quiere decir más de 150.000 personas que han venido a la ciudad huyendo de la violencia de otras partes del país, especialmente de Alepo y Homs. La llegada de personas supone una tremenda presión para las infraestructuras básicas de los servicios existentes.

La ciudad se encuentra a unos 45 minutos en automóvil de Homs, donde los combates continúan. Las personas desplazadas aquí están albergadas sobre todo en las casas de los miembros de la comunidad, o viven en centros colectivos. Se encuentran en condiciones muy duras en medio de un clima húmedo y frío, especialmente en las zonas montañosas, y muchos de ellos carecen de agua caliente o de instalaciones adecuadas de saneamiento.

Otros, como las familias con las que me encontré, no tienen ningún lugar donde permanecer, excepto en las cuevas oscuras e infestadas de roedores de las antiguas ruinas del Tartus histórico. La municipalidad hace actualmente todo lo que puede para apoyar a estas familias desplazadas, pero apenas tiene medios y no hay más posibilidades de vivienda ni más espacios públicos para albergarlos.

P. ¿Puede hablarnos sobre la situación de los niños, especialmente lo que usted vio?

R. Lo que vi en el centro colectivo, por ejemplo, fue sobre todo desesperación, ya que alrededor de 40 familias compartían un retrete y una ducha. Debido al clima frío, húmedo y difícil, muchos niños están cayendo enfermos con infecciones agudas de las vías respiratorias. Algunos niños que conocí habían tenido que abandonar la escuela cuando huyeron de sus ciudades y no han podido matricularse de nuevo, ya sea porque las escuelas están llenas de alumnos, o porque tienen que ayudar a mantener a la familia, o porque no han podido inscribirse a tiempo.

Una mujer joven que conocí había tenido que abandonar la universidad cuando escapó de los combates en Alepo y dijo que ahora enseñaba árabe y matemáticas a los niños desescolarizados que compartían la cueva con ella. Una mujer cuyo marido está desaparecido me dijo que había tenido que sacar a su hijo de 11 años de la escuela para que le ayudara a ganar dinero, con el de fin de mantener a sus hermanos más pequeños. A un niño de nueve años le pregunté sobre las dos cosas que le gustan más de la escuela y me dijo: “Una, me gusta aprender. Dos, me gusta aprender”.

Realmente tenemos que asegurarnos de que no se interrumpa el ciclo de educación para los niños. Estamos trabajando con nuestros aliados para distribuir materiales, bolsas y muebles escolares para los niños y para aumentar el número de clases.

P. ¿Qué hace UNICEF en este momento para ayudar a las familias a superar este duro invierno?

R. Hemos proporcionado suministros de invierno, entre ellos ropa de abrigo, mantas y otros suministros no alimentarios, como esteras de plástico y estufas de cocina para más de 260.000 personas vulnerables en diversos lugares de Siria. Tartus es una de ellas.

Concretamente en Tartus, estamos distribuyendo con nuestros aliados conjuntos familiares de higiene y mantas pesadas —que llegaron esta semana— entre 4.000 familias. También recibimos hoy paquetes con ropa de invierno, que serán distribuidos en los próximos días entre 5.000 niños desplazados que viven en las zonas de montaña y centros colectivos. Cada paquete incluye una chaqueta de invierno impermeable, un suéter y pantalones, zapatos de invierno, un gorro y un conjunto de ropa interior.

Apoyamos asimismo a los niños ofreciéndoles a ellos y a sus familias acceso a agua potable y ayudamos a los niños a participar en actividades sociales y divertirse en un entorno seguro. Los niños cuya educación se vio interrumpida reciben clases de recuperación.

Sin embargo, estamos hacemos frente de manera constante a los desafíos porque las necesidades aumentan rápidamente y necesitamos mantener el ritmo con las dimensiones de la crisis. Para ello necesitamos sin duda más fondos inmediatamente y un fortalecimiento de las alianzas sobre el terreno.

Trabajamos para aumentar nuestra presencia y nuestra labor con más aliados para poder llegar a todos los niños necesitados, que es nuestro objetivo. Así que muchas personas dependen de nosotros.

Resulta importante tener en cuenta que las necesidades humanitarias urgentes no sólo se dan en las zonas de conflicto, sino que existen en todo el país, como puedo ver en Tartus.




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