LA VIOLENCIA HACIA LA INFANCIA AUMENTA EN LAS SITUACIONES DE DESASTRE

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Allán Sánchez Osorio
Se registró el día 11 de mayo de 2015
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  • Edad 24

Niño de comunidad afectada por los sismos en la Ciudad de México, atendido por Efecto Valores. Fotografía: Allán Sánchez

Niño de comunidad afectada por los sismos en la Ciudad de México, atendido por Efecto Valores. Fotografía: Allán Sánchez

El riesgo de violencia sexual suele aumentar en situaciones de desastre. ¿Por qué? Debido a que los agresores aprovechan la situación de vulnerabilidad de sus víctimas, que en su mayoría, son niñas, niños y adolescentes.

Luego de un desastre, las niñas, niños y adolescentes están expuestos a situaciones de riesgo, ya que sus viviendas se encuentran afectadas y sus madres y padres están ocupados en la reconstrucción de sus casas o en recibir ayuda humanitaria y no les es posible brindarles la atención necesaria.

En esas situaciones, las y los niños, muchas veces restan importancia a estas actitudes, comportamientos o actos violentos, como tocamientos indebidos o exposición a la pornografía, entre otros.

La protección y la asistencia humanitaria están íntimamente conectadas dados sus propósitos en común para asegurar el cumplimiento de los derechos humanos.

La protección consiste en detener toda forma de abuso, especialmente en niños, niñas, adolescentes y mujeres y también prevenir que éstos ocurran por falta de acceso a medios adecuados para satisfacer sus necesidades básicas. La intervención humanitaria es un primer paso para mitigar y prevenir los daños y abusos contra las poblaciones más vulnerables.

Los desplazamientos, ruptura de las redes familiares y sociales, violencia, ausencia de responsabilidad y falta de acceso a los servicios sociales básicos suscitan situaciones de emergencia que conducen a graves atentados en la protección de la niñez. Niños y niñas separados de sus familias o huérfanos, obligados a trabajar, y víctimas de la explotación sexual o el abandono son algunas de las consecuencias de los desastres sobre la población infantil.


¿Quienes son responsables de velar por los derechos de la niñez ante una situación de desastre?

Todas las personas somos responsables de garantizar los derechos de niñas, niños y adolescentes. La reducción de desastres empieza en la escuela, en el hogar y en todos los espacios donde comúnmente los niños, niñas y adolescentes se desenvuelven.

Los gobiernos y sus instituciones deben velar porque dichas acciones tengan a la niñez, y la protección de sus derechos, como uno de sus objetivos principales; mediante el establecimiento de políticas de gestión de riesgo, adopción de estrategias para la reducción de vulnerabilidades y provisión de recursos para los preparativos, mitigación y prevención, así como la respuesta misma a la emergencia.

Ejemplo de lo anterior ocurre en Japón, en donde cuentan con una política pública para el manejo de desastres de avanzada, en donde lo más importante, además de contar con una legislación sólida en la materia e instituciones fuertes, es que cuentan con una base fuerte en la cultura de prevención, en donde todas las personas se convierten en sujetos activos durante la prevención y la atención en situaciones de emergencia.

El compromiso legal, político y sobre todo moral que debemos a la niñez y al respeto de sus derechos debe traducirse en actividades concretas para su protección y resguardo en cualquier circunstancia.

Todos los sectores y actores debemos orientar nuestras actividades de preparación, prevención, atención a la emergencia y la posterior rehabilitación y reconstrucción hacia la protección de los derechos para una vida digna en sociedad, en especial para los niños, niñas y adolescentes, por quienes debemos buscar su interés superior. Lamentablemente en muchos de los países de la región de Latinoamérica aún nos falta mucho por aprender para colocar la prevención como parte de nuestra cultura, colocando siempre en el centro a las niñas, niños y adolescentes.





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