Sólo Hablar No Soluciona, Actuar Sí

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Jesús Prior
Se registró el día 15 de agosto de 2017
  • 3 Artículos
  • Edad 21

©  2017 Cooperating Volunteers

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Alguna vez, en algún momento, ha llegado a nosotros información sobre una campaña en contra de la violencia contra la niñez, y es por ello que sabemos que la violencia hacia niños y niñas no sólo incluye maltrato físico y mental, abandono, explotación o abuso sexual; sino que la violencia va más allá, que puede ser algo estructural como la asimilación y normalización de esta o la negación de sus derechos humanos. Sabemos también que la violencia puede estar en todos lados, y no sólo en el hogar, también en instituciones educativas, orfelinatos, centros de atención, en las calles, y todo ambiente que implique socialización con menores. Por otro lado, conocemos sus consecuencias, esta afecta de forma física y mental a las niñas y niños, perjudica su habilidad para aprender y socializar, y más adelante, puede afectar su desarrollo como adultos funcionales y su rol dentro de la sociedad; y en los casos más extremos, la violencia contra los infancias conduce a la muerte.

En muchos documentos de UNICEF, como el Estado Mundial de la Infancia (2016), se recalca el hecho de fundar un entorno protector para la niñez, por consiguiente es necesaria la creación de políticas públicas que generen condiciones para aterrizar este entorno.Esto se muestra en el Artículo 19 de la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) que insta a la apropiación de medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas para proteger a las infancias contra toda manifestación de violencia. Así mismo, herramientas como los Protocolos Facultativos a la Convención sobre los Derechos del Niño, señalan tipos concretos de violencia y explotación que requieren la adopción de medidas que derivan en el programas, proyectos o iniciativas, que en esencia, son políticas públicas. Conviene subrayar, que la capacidad y compromiso de los gobiernos para prevenir la violencia contra menores, radica en la creación de políticas públicas, en la aplicación de leyes y en la aportación de recursos para lograrlo. Además, es necesaria la promulgación y aplicación de leyes nacionales efectivas contra la violencia. Si sabemos todo esto y existen suficientes opciones y mecanismos ¿por qué sigue siendo un problema la violencia hacia las infancias?

La respuesta se encuentra en los factores que inciden en la visualización y normalización de este problema como el exceso de atención a la situación y programas existentes (y no digo que no sea importante); pero sobre todo, en el nulo seguimiento, evaluación y monitoreo de los programas. Hoy día, la mayoría de las instituciones, trabajando en pro de las infancias, se concentran más en agravar la situación, evidenciarla (lo cual no perjudica), o en la creación de nuevos programas, en lugar de comprobar su eficiencia en ataque a este problema, o crear r un debido proceso de evaluación y monitoreo a sus iniciativas. Dicho de otra manera, hay mucha charla pero muy poca acción. Consecuentemente, la creación de políticas, campañas y el debate del problema no funciona de nada si no se concretan en acciones visibles y de impacto cuantificable y verificable, que respalde su efectividad en resolución al problema.

La evaluación y monitoreo de programas, así como su debido análisis no es parte de nuestra cultura de seguimiento a políticas públicas e instituciones, porque incluso existe un desconocimiento por parte de la población sobre la vitalidad de estas dos actividades. Por otro lado, escuchamos que existen innumerables Organizaciones no gubernamentales que trabajan a favor de las infancias y juventudes. No obstante, no existen cifras exactas sobre cuántas, cómo, cuándo,dónde se hallan trabajando,qué tipo de trabajo realizan o si llevan un recabación de datos que permita medir el impacto de sus iniciativas o proyectos; y por consiguiente que den a conocer si realmente se avanza en el combate a la violencia contra infantes. Conocemos los problemas, pero no tenemos los datos estadísticos que facilitan la tarea de identificar el ritmo al que crecen o al que se reducen.

Así, por ejemplo, sabemos que México redujo en dos terceras partes su tasa de mortalidad infantil de niños y niñas menores de cinco años entre 1990 y 2015 de acuerdo al informe Anual 2015 UNICEF México. Conocemos el logro, pero ¿qué lo impulsó realmente?,¿fueron las políticas públicas, los proyectos en marcha de ONG’s o algún otro factor externo? Existe mucha especulación de las causas de tan positivo avance, pero no las condiciones exactas que lo auspiciaron. Es por ello lo fundamental de la recolección de datos para comparar qué hubiese sucedido si “X o “Y” acción no se hubiese puesto en marcha.

Para atender esta cuestión, es necesario tener cifras exactas. La creación de una base de datos de instituciones (tanto gubernamentales como no gubernamentales) es el primer paso para proceder a recolectar datos de acciones y estrategias que están en marcha para erradicar el problema de la violencia hacia las infancias. Así mismo, desmitificar si estos programas están funcionando realmente o mantienen una ilusión de estar funcionando. Ya que en verdad, son otros los factores que atribuyen su éxito y no la iniciativa en sí. Por otro lado, mantener este problema en un debate abierto y llevarlo a la atención del público puede ser de gran ayuda, puesto que los medios de comunicación pueden ser muy útiles al momento de cuestionar actitudes que permiten la violencia, y fomentar conductas y prácticas de protección. Además, los mismos pueden servir de apoyo a los niños y niñas al funcionar como plataforma para expresarse sobre la violencia. No obstante, todo en exceso acaba siendo poco beneficioso, ergo, el debate moderado y la no radicalización del problema es vital para concentrarse en el planteamiento de soluciones. Otras posibles respuestas se encuentran en la determinación de la función de la familia y la comunidad, o la creación de servicios esenciales para la prevención, recuperación y reintegración. Las posibilidades de solución pueden llegar a ser infinitas, pero si no se llevan a cabo de manera ordenada, el problema no se erradica. Al fin y al cabo, la cuestión no se encuentra sólo en hablar, la cuestión está en actuar.





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