Ya somos 7000 millones

Publicado 9 de noviembre de 2011 no picture Alejandra Gaviria

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Se registró el día 10 de mayo de 2011
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El 31 de octubre, la población mundial llegó a los 7.000 millones, mil millones de personas más que hace sólo 13 años y 6.000 millones más que al comenzar el siglo XIX. Este crecimiento acelerado de la población nos pide a gritos prestarle más atención al agotamiento de los recursos naturales, la brecha demográfica y económica entre las diferentes regiones del mundo y sobre todo a pensar: podremos gestionar un planeta con tanta gente?

De acuerdo al estudio publicado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, aunque en promedio las mujeres tienen menor cantidad de hijos que en el decenio de 1960, la cantidad de seres humanos sigue aumentando. En algunos países las altas tasas de fecundidad perpetúan la pobreza, mientras que en algunas naciones ricas el bajo número de adultos en actividad laboral pone en peligro los sistemas de seguridad social.

A su vez, la expectativa de vida promedio ha aumentado 20 años desde 1950, de 48 a 68 años, pero se estima que más de 880 millones de personas a nivel global aún no tienen acceso a fuentes seguras de agua potable, y 2,6 millones carecen de servicios básicos de sanidad como excusados.

La cuota de juventud de estos 7000 millones es también importante: hoy en el planeta viven 1.200 millones de adolescentes o preadolescentes entre 10 y 19 años. Pero más de 101 millones de niños en edad escolar no van a la escuela, y de este grupo más de la mitad son niñas. Se estima también que de los más de 770 millones de analfabetos adultos, dos tercios son mujeres.

Una de las cuestiones más urgentes por resolver es quizás la enorme desigualdad que albergan nuestras sociedades: En 1960, el 20% más rico de la humanidad percibía el 70% de los ingresos. En 2005, ese porcentaje había aumentado al 77% y en ese mismo año, el número de personas viviendo en extrema pobreza, con US$1,25 o menos al día se situaba en 1.400 millones.

De acuerdo con los datos de la FAO, las necesidades alimentarias de la población en 2050 podrían incrementarse en un 70% con respecto a las actuales, lo que supone un verdadero reto para un sistema productivo que ya ha mostrado tener graves falencias; esto junto a la caída en el rendimiento medio de los cultivos como consecuencia del agotamiento de los recursos y los efectos del calentamiento global. En otras palabras, en el futuro estaremos obligados a producir más con menos, lo que ya ha convertido a muchas regiones pobres en el escenario de una competición internacional por el control de recursos estratégicos como la tierra o el agua.

Ante este panorama, la respuesta debe ser limitar el crecimiento de la población? Algunos de los países afectados por las altas tasas de crecimiento llevan décadas impulsando iniciativas más o menos agresivas de control de la fertilidad, desde la política de un único hijo en China hasta los programas masivos de esterilización de la India, que alcanzan al 37% de las mujeres que hasta entonces usaban otros métodos anticonceptivos. Sin embargo, no solo estas políticas han demostrado ser ineficaces a la hora de detener el crecimiento acelerado de la población, sino que han derivado en consecuencias indeseables como la selección de fetos por razones de género, como la crisis por los abortos selectivos en la India y en China.

Diversas opiniones de expertos e informes, coinciden en que la respuesta a la superpoblación es el camino largo del desarrollo y las soluciones cooperativas. Por un lado, solo de este modo podemos garantizar la sostenibilidad social y ecológica del planeta; por otro, la prosperidad económica y el acceso a oportunidades como la educación han demostrado ser el modo más eficaz de reducir las tasas de fecundidad.

Es necesario y urgente, un cambio en el sistema agroalimentario que incluya una mayor protección legal de recursos esenciales como la tierra, el fin de la competencia desleal de los países ricos y el apoyo a la agricultura familiar de las regiones más vulnerables, empezando por África subsahariana. En caso contrario, las graves crisis de hambruna como la que hemos visto durante este año en África Oriental, seguirán ocurriendo y se extenderán a otros lugares del planeta.

El problema por lo tanto no está exclusivamente concentrado en la cifra de personas. Los recursos, los alimentos y los medios están. Hace falta no solo mayor voluntad de todos los estados para equilibrar la balanza, sino de todas las personas que habitamos este planeta para invertir esfuerzos reales en la construcción de un planeta más sostenible para todas y todos.




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