La esclavitud del siglo XXI

Publié 3 janvier 2012 User_image_bg Fernando Montoya


A finales del siglo XX, la explosión de las economías globalizadas que generalizaron la pobreza, produciendo a su vez una marcada concentración de la riqueza, llevaron a un incremento de las migraciones, y a su vez al aumento de la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Estos efectos económicos y sociales acentuaron la desigualdad de las relaciones de género, posicionando a las mujeres y niñas en un grupo de máxima vulnerabilidad.

El informe del año 2006 “Hacia la esperanza” producido por el Fondo de Poblaciones de Naciones Unidas (UNFPA), daba cuenta que de los 95 millones de migrantes mundiales, las mujeres constituyen el 50%. Refiriéndose a la problemática de trata de personas expresa: La trata de seres humanos es un fenómeno mundial impulsado por la demanda y estimulado por la pobreza y el desempleo. Lo frecuente es que muchas víctimas de trata respondan a anuncios que les ofrecen empleo como niñeras, modelos, peluqueras, bailarinas o camareras, o que amigos y, a veces incluso parientes, actúen como reclutadores.

Los derechos económicos, sociales y culturales están vinculados a las condiciones indispensables para satisfacer las necesidades básicas del ser humano tales como: alimento, vivienda, educación, cuidados de la salud y empleo digno. Estos incluyen los derechos a la educación, vivienda adecuada, alimentos, agua, el nivel de cuidado de salud más alto que se pueda obtener, el derecho a trabajar y los derechos en el lugar de trabajo, así como los derechos a la cultura de las minorías y las poblaciones originarias.

En el año 2000, Naciones Unidas comenzó a poner énfasis en la pobreza como una de las principales causas de desigualdad de género, a lo que denominaron: “feminización de la pobreza”.

En el informe producido por este organismo daba cuenta que la mayoría de los 1.500 millones de pobres, que viven con un dólar o menos diario, eran mujeres.

La desigualdad económica no solo afecta a las mujeres que viven en la pobreza, sino también a las que están insertas en el mercado laboral. Una mujer gana en promedio un 50% menos que un varón por la misma tarea.

Son las mujeres a quienes se les niega el acceso a la tierra, a los préstamos, a la educación, a la salud, a la vivienda digna. Y quedan atrapadas en un ciclo de pobreza que difícilmente puedan revertir, dejándolas en una situación de extrema vulnerabilidad social.

La Plataforma de Acción aprobada por la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, consideró que la pobreza que afecta a las mujeres requiere atención especial y la adopción de medidas por parte de la comunidad internacional, los gobiernos y la sociedad civil.

La pobreza, la falta de educación, ser la responsable del sustento de los hijos e hijas y la violencia, son algunos de los factores que llevan a miles de mujeres y niñas a situaciones de vulnerabilidad convirtiéndolas en victimas fáciles de las redes de tratantes y proxenetas. consentida.

La trata de personas para fines de explotación sexual es la consecuencia de la naturalización de la prostitución. Naturalización que perpetúa la violencia que se ejerce sobre mujeres, niñas y niños vulnerables.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) elaboró un Informe Mundial sobre la Trata de Personas. Se basa en los datos recabados en 155 países, brinda la primera evaluación mundial del alcance de la trata de personas y de las actividades que se desarrollan para combatirla.

En él se consiga que el número de condenas por el delito de trata de personas apenas supera el 1,5% por cada 100.000 habitantes, un número insignificante tomando en cuenta la cantidad de víctimas. Además reitera que la forma más común de trata de personas es la de explotación sexual.

El 30% de los países que informaron sobre el género de las personas procesadas por este delito corresponde a mujeres. La Oficina resalta que: Las mujeres delincuentes desempeñan un papel más destacado en la trata de personas que en ningún otro tipo de delito. En Europa oriental y Asia central, les corresponde a las mujeres más del 60% de las sentencias condenatorias por trata de personas… Es espantoso que las antiguas víctimas se conviertan en traficantes.

Cuando pensamos en la prostitución y su consecuencia más aberrante la trata de personas, no podemos hacerlo solo desde un punto de vista, porque hay una multiplicidad de factores que operan para esclavizar seres humanos con total impunidad.

La pobreza y la concentración de la riqueza, la complicidad estatal y la impunidad de las redes mafiosas, son los elementos necesarios en el que se sustenta la violencia que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres, niñas y niños.




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