Carta de desesperanza

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Una joven mirando por el parabrisas trasero de un auto a un camino de tierra.

Hola lectores. Que puedan leerme en esta carta significa que son de los afortunados. Yo también lo soy, y aún así… hoy no estoy feliz.

Me desperté del lado <<bonito>> del mundo. El lado donde el agua es limpia y la tierra es fértil, donde podés dormir por la noche sin temor a que una bomba te explote al despertar. Donde por ser mujer y estudiar, nadie va a dispararte en la cabeza. Sí, soy afortunada. Lo sé.

Tengo una familia que me quiere, un hogar que me resguarda del frío y del calor, algunas mascotas que me hacen reír cuando lo olvido. Tengo alimentos en mi heladera, ropa en el placard, espacio verde para dispersarme un rato. Tengo personas con quienes conversar cuando quiero o  necesito. Tengo. Tengo. Tengo…

Sé leer y escribir, contar, sumar, restar, multiplicar y dividir. Sé que mi voz importa, que mi vida cuenta, que todos los seres humanos tenemos los mismos derechos. Sé que puedo hacer la diferencia y que nada nunca deberá silenciarme. Sé. Sé. Sé…

Estudio la carrera que elegí y deseo profundamente poder trabajar de ello. Sé que puedo, sé que valgo, sé demasiadas cosas… y aún así, hoy no estoy feliz.

¿De qué me sirve el saber si no lo puedo compartir ni aplicar? ¿De qué me sirve el tener si no lo puedo disfrutar? ¿De qué me sirve ser si no lo puedo apreciar?

Este contexto ha acentuado la incertidumbre y la desesperanza. Y yo no me salvo de ello. Pienso en mi futuro y solo veo confusión. El mercado laboral colapsado, las instituciones corrompidas, las profesiones desvalorizadas, las personas deshumanizadas. Todo se ha puesto de cabezas. Aún más. Nunca pensé que el futuro podría estar tan alejado de mis manos.

¿Quién seré después de esto? ¿En quién me convertiré cuando todo se haya calmado? ¿La tormenta me habrá hecho más fuerte? Hoy, más que nunca me aferro a esta palabra: RESILIENCIA.

Quiero creer que este momento de adversidad es solo un nubarrón, que más tarde llega el arcoiris, y que el sol saldrá de nuevo para todos. Quiero creer que todo lo que aprendí en mis estudios lo podré aplicar. Quiero creer que las posibilidades de un mundo mejor aún no se han acabado, solo se renovaron. Quiero. Quiero. Quiero…

Y mientras tanto mi desesperanza mengua y me da un alivio. Tan solo me queda respirar, acomodarme de nuevo, y sentarme a seguir leyendo algo que –deseo– construya mi futuro. Ese que alguna vez, estaba en mis manos.

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