Deambulando sobre un Lago Seco: las Huellas del Cambio Climático en Bolivia

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Bote pesquero sobre el casi extinto Lago Poopó
Bote pesquero sobre el casi extinto Lago Poopó

El inmenso Salar de Uyuni, el majestuoso Lago Titicaca, el indomable Pantanal boliviano, las aparentemente imperecederas Misiones Jesuíticas y las surrealistas Lagunas de Colores… todos ellos destinos imperdibles para quien planea visitar Bolivia.

¿Notas algo en común entre los sitios que acabo de mencionar? Fácil: tres de ellos (cuatro si mencionamos cuán maravilloso luce el Salar en época lluviosa) son fantásticos atractivos turísticos relacionados directamente a la existencia, o abundancia, para ser más exactos, de agua en Bolivia.

Sin embargo, hechos lamentables relacionados al agua (o la falta de ésta) se han venido dando en Bolivia desde hace un tiempo. El lago Poopó (segundo más grande del país) prácticamente se secó en el 2015. Ahora ha quedado reducido a tres charcos de menos de un kilómetro cuadrado y escasos 30 centímetros de profundidad. La laguna Alalay, cuerpo de agua situado al este de la ciudad de Cochabamba (centro) durante marzo del 2016 fue escenario de la muerte de miles de peces y aves que la habitan, resultado combinado de una ola de calor que afectó la región y la contaminación constante.

Por si fuera poco, las catástrofes ambientales mencionadas en primera instancia no tuvieron un desenlace tan funesto y mediático como el de la sequía de finales del 2016 en el altiplano boliviano. Y es que el racionamiento aún más estricto del agua (ésta ya tenía horarios de suministro por zonas) que vivieron los habitantes de la ciudad de La Paz (sede de Gobierno) durante semanas, sumado, en muchos casos, a la indignación que causaba abrir el grifo y que simplemente no caiga nada, desató el descontento social de una ciudad que buscaba sedienta a los culpables.

A todo esto se preguntarán, queridos lectores, ¿qué estará pasando en Bolivia? ¿El agua simplemente los está abandonando?

Pues… existen las voces que acusan de irresponsabilidad y omisión a las autoridades locales, departamentales y nacionales, al no haber previsto planes de contingencia ante problemas que en los peores casos desaparecieron lagos enteros. Del otro lado nos encontramos con la versión de los que gestionan el servicio de suministro de agua (cooperativas y empresas estatales) y de la máxima autoridad ejecutiva en el área, el Ministerio de Medio Ambiente y Agua. Éstas últimas nos señalan como causal de las catástrofes ambientales a las situaciones adversas relacionadas, principalmente, a la sequía que asola al país.

Y es que Bolivia, en este último periodo, está sufriendo la peor sequía registrada en 25 años. Los niveles de agua obtenida por precipitación (de la cual se alimentan varias ciudades del país) tocaron los registros más bajos en mucho tiempo.

Volvamos a la crítica situación de La Paz. Si bien varias de sus zonas se abastecen de agua obtenida de represas (sí, las que se alimentan de agua de lluvia), otras lo hacen de corrientes continuas provenientes del deshielo de nevados que descansan a mucha más altura. Algo, al parecer, mucho más seguro y confiable, ¿no?

Pues no. La voraz sequía de estos últimos tiempos solo empeoró la ya triste situación que enfrentan los grandes cuerpos de agua en el altiplano boliviano. La degradación y la contaminación de estas fuentes tradicionales de agua que se usan para el riego, la ganadería y el consumo humano son apenas comparables a las consecuencias amargas que trae consigo el cambio climático, encarnado en la falta de lluvia. Esta situación también pone en riesgo de degradación y hasta de dolorosa pérdida a muchos de los tesoros nacionales en materia de turismo, varios de ellos mencionados al inicio de este escrito.

Zonas que en el pasado fueron valles fértiles son ahora tierras estériles; y lo más inquietante, lo que antes eran nevados imponentes son en la actualidad montañas desnudas… ¿Qué nos estará intentando decir la naturaleza?

Los resultados del cambio climático se han hecho sentir en Bolivia con desmedida fuerza, y es probable que los bolivianos enfrentemos en el futuro situaciones ambientales más adversas que las que he referido en este artículo. La sociedad civil y las autoridades bolivianas debemos volcar ahora nuestras preocupaciones y recursos a la principal causa de la calamidad medioambiental que el país vive, si buscamos alejar del peligro riquezas que una vez perdidas, será casi imposible recuperar.

 

Este artículo fue publicado originalmente en la antigua plataforma en línea de Voices of Youth y fue recreado por el autor en este nuevo sitio.

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