Juventud: La voz del tricentenario del Perú

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La voz del tricentenario del Perú

 

“No somos disparados a la existencia como una bala de fusil cuya trayectoria está absolutamente determinada. Es falso decir que lo que nos determina son las circunstancias. Al contrario, las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter (…) Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”

José Ortega y Gasset (1883-1955), filósofo y ensayista español.

 

Hace 21 años ocurrió uno de los hitos más grandes de la humanidad: el cierre y comienzo de un nuevo milenio. Igualmente, se dio paso al reinado del siglo XXI. En el Perú, estaremos próximos a cumplir 200 años en menos de un mes.

Son las reparticiones, las traiciones y la corrupción lo que aparece primero en la mesa cuando hablamos de nuestra historia. Podemos creer que nuestra suerte no nos es favorable, tanto en nuestro país como en Latinoamérica en general, sin dejar de lado todas las virtudes que disfrutamos pero no mencionamos.

No somos los únicos.

En cada rincón del planeta existe algún resentimiento con el pasado, con las barbaridades que sufrieron antepasados a manos de otros grupos, por nuestro origen evolutivo y por la falta de un propósito claro y explícito para nuestra existencia.

Por ende, muchos intelectuales de la historia universal han tomado comúnmente dos posiciones: derrocar las viejas estructuras y proponer otras, o tratar de mantenerlas con el paso del tiempo. A partir de aquí, diversas posiciones resultaban contiguas o derivadas de estas, como el típico dilema de “¿El hombre es bueno o malo por naturaleza? ¿La sociedad lo compone o lo corrompe?”

Un verdadero conquistador es aquel que no descuida las tierras descubiertas ante la aparición de otras nuevas. ¿Se imaginan oír de uno que descuidó las ya exploradas por distraer su atención con territorios recientes? De la misma forma, el verdadero progreso surge cuando se rescata lo mejor, se corrige lo peor del pasado y se abren las mentes para las ideas del presente en servicio de un mejor porvenir.

Muchas personas de generaciones anteriores no ocultan su decepción por las nuevas, pues piensan que no damos la talla, que no somos tan perspicaces como ellos cuando tenían nuestra edad. Para el fin propuesto, creo que están utilizando la vara de medir equivocada, pues están olvidando que:

Cada generación está influenciada por las circunstancias de su época

Y no lo digo para eximirnos de la responsabilidad de nuestras acciones, sino más bien para volvernos conscientes y libres de poder cambiar nuestro destino, porque siempre podemos hacer algo al respecto.

A las nuevas generaciones nos han denominado “La juventud del Bicentenario”. Ligero error. Nosotros no fuimos partícipes de aquellos 200 años de guerras —pero también de héroes y mártires—, sino que somos el punto medio entre la familiar arena y el misterioso océano.

No somos la generación del bicentenario: somos la juventud del umbral del tricentenario*, la voz de las nuevas décadas y aventuras que le deparará a nuestra querida tierra bicolor, y nuestra historia empieza a las 00:00 horas del 29 de julio de 2021. 

*Este término lo dedico al inagotable esfuerzo de mi amigo Carlos Malpica, exministro de educación y propulsor de la Declaración Universal de los Derechos de las Futuras Generaciones, y a mi amigo y maestro Dr. Raúl Chanamé Orbe, autor del libro “La República Inconclusa” y presidente de la Asociación Bicentenario en la que poseo el honor de pertenecer.

 

 

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