Lo bonito de ser feminista

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Feminismo

CULTURA Y FEMINISMO

Se nos ha enseñado que el “orden” ya está establecido, que los depredadores siempre deben serlo, que los hombres tienen capacidades que los hacen más sobresalientes que a las mujeres, se nos enseñado que el maquillaje va sobre los golpes, y sobre la autoestima, se sobrepone el ego acompañado con violencia, para aplastarla.

Se nos ha enseñado durante tantas generaciones que nuestro sueño debe ser tener esposo e hijos, y que solo así seremos féminas realizadas, pues así lo demuestra la naturaleza.

Nos han dicho que debemos ser dependientes o sumisas, que nuestros buenos modales deben ir acompañados de silencio. Nosotras no salimos, no decimos, no opinamos, no pensamos. Y creo que el problema radica en cuando nosotras empezamos a creer todo esto, todas estas mentiras.

En pleno sigo XXI, más de 200 millones de niñas y mujeres sufrieron de ablación genital, con las justificaciones que solo los hombres tienen derecho a sentir y nosotras a disponer y concebir.

700 millones de niñas y mujeres fueron obligadas a casarse antes de los 15 años, en la mayoría de los casos fueron acuerdos entre los padres por dinero. Una mujer en promedio denuncia 7 veces en su vida, pero casi ninguna de estas llamadas desesperadas son atendidas. Pues así es el “orden natural” de las cosas.

Las mujeres libres son llamadas locas. Las inteligentes, feas. Las bonitas, fáciles. Las lesbianas, traidoras.

No se concibe para el mundo una vida femenina esperando ser fuerte e independiente, se concibe una hija siendo sumisa, repitiendo: “camina, come, vístete, cocina, limpia, así como es propio de una dama, y por favor no pidas lo contrario, pues tú estas a mi cargo y mientras sea así, aquí pienso yo.”

Las mujeres libres son llamadas locas. Las inteligentes, feas. Las bonitas, fáciles. Las lesbianas, traidoras.

El impulso de cambiar esta sociedad debe ser de todos, de aquellos que tienen hijas, hermanas, madres, esposas, amigas o cualquier mujer en su vida. El mensaje de liberación debe ser para todos, sin importar su edad o sus creencias.

Antes se les alababa a las mujeres la virginidad, la castidad, el respeto, y la sumisión. Pero, irónicamente a los hombres se les alaba todo lo contrario, ser fuertes, dominantes, hasta violentos. A ellas jamás se les habló de su cuerpo, de la planificación y de los derechos que tenían.

No buscamos que promueva la creencia que somos mejores que los hombres, pues no es así, estamos promoviendo el respeto. No alabamos la promiscuidad, los embarazos adolescentes, las enfermedades de transmisión sexual y muchas cosas; pero sabemos que la educación sexual debe brindarse para que todas las mujeres sean capaces de decidir qué hacer con su cuerpo, para prevenir las malas situaciones, y la violación los derechos de nuestras niñas y mujeres.

El feminismo no ha sido un movimiento radical de los siglos XX y XXI, ha sido un sentimiento que ha acompañado a las mujeres rebeldes e independientes siempre, es el espíritu de igualdad y respeto que acompañan el crecimiento. Hoy invitamos a todos a ser feministas, a crear mujeres fuertes y especiales. A no discriminar el genero por no ser iguales en fuerza física. Necesitamos personas dispuestas a un cambio positivo para la sociedad.

No somos lo contrario del machismo, el machismo ha tenido víctimas mortales, el feminismo no ha matado a nadie. Nuestra cultura nos marca, es verdad. Pero, y si esta impulsa al dominio y la agresividad, no nos vuelve otra cosa que retrógrados violentos. Si alguien hace daño solo porque así esta “escrito” no seremos otra cosa que abusadores de derechos y cuerpos.

El primer paso para acabar con el machismo es reconocer que así has sido o en algún momento lo has practicado. A nadie le gusta ser dominado, no es agradable ni satisfactorio. Las mejores relaciones nacen de reconocer que nadie es mejor que nadie.

Lo más bonito de ser feminista es saber que las cadenas son rotas, que nada es capaz de amarrarte o destruirte y que ahora sabes todo lo que vales. Es saber que compartes el pensamiento de miles de hombres y mujeres, que lucharon por el voto femenino, los derechos humanos, ser reconocidos como personas capaces de pensar y opinar en las constituciones nacionales, y de las que han decidido no morir sirviendo a sus parejas ni a su miedo. Por luchar en revoluciones y llegar a cumplir sus sueños de ser grandes profesionales y libres. De ser llamadas por todos y con autoridad “MUJERES”.

Aclaramos, no estamos en contra de las mujeres que tienen hijos o desean casarse algún día. Estamos en contra de la violencia en cualquiera de sus formas y estamos en contra cuando los actos de ser madre o esposa surgen a la fuerza.

Estamos buscando una solución a estos problemas de índole humanístico. Debemos empezar por entender que todos somos iguales, que todos somos humanos que merecemos los mismos tratos y merecemos una sociedad sin violencia, donde sea posible vivir.

Al escuchar la palabra feminismo, lo primero que piensan muchas personas es en una marcha de mujeres que no se depilan, no usan maquillaje, tampoco desodorante y que son bruscas o antifemeninas. La carga social es tan fuerte que declararte abiertamente “feminista” es una vergüenza para ellos que te rodean o son cercanos a ti.

Así como dice Chimamanda el ¿eres feminista? Se pregunta en el mismo todo de ¿eres terrorista? Bueno, estamos aquí para demostrar como el termino nos ha hecho felices a muchas y como ha salvado la vida de otras. Hablemos de por qué ser feminista vale la pena.

¿Es peligroso el feminismo? Bueno, para un hombre que desea salirse con la suya a través de la manipulación psicológica o la dominación por la fuerza; para una persona que cree que las mujeres somos inferiores ¡Claro que es un problema! Para alguien que no cree en la igualdad ni en el respeto, las personas fuertes y feministas son un grave problema.


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He logrado escuchar historias y algunas las he vivido de primera. Hace no muchos años la devoción se debía a Dios, la virgen y el marido. La comida debía estar lista a una hora determinada, la casa limpia desde temprano, la ropa lavada, los niños limpios y dispuestas casi a rendir homenaje al marido. Las mujeres no terminaban las escuelas y para cuando deseaban hacerlo ya contaban con demasiados hijos encima y era “obvio” que debían cuidar a todos. Era prácticamente como ser servidumbre, pero con un poco más de responsabilidad moral.

No quiero mirar una niña y decirle que su propósito en esta vida es tener hijos y un esposo, aun si ella no lo desea. No quiero mirar a una joven y decirle que la han violado porque ella estaba sola y con una falda por encima de la rodilla. No quiero condenar a una mujer al miedo, al miedo de decirle que ella no es capaz de algo sola, no quiero decirle que no necesita estudiar y que lo importante es lo que llevas en medio de las piernas, pues es el camino más fácil para lo que deseas. No quiero una sociedad dominada por la violencia y el miedo, ni una sociedad donde la justificación sea: “ella se lo busco” o “ella es mía”. 

Lo mejor de ser una feminista no es dejar de tener miedo, es aprender a enfrentarlo, para reconocer de todo lo que eres, todo lo que vales y todo lo que puedes. Un mundo basado en el respeto será la salida.

No pedimos privilegios ni beneficios, como darnos el puesto o no hacer las filas. Pedimos ser tratadas iguales, que el género no determine lo inteligentes que somos. Ni que se determine nuestras capacidades por lo “bonitas” que podemos ser. Las feministas son “rabiosas” y resentidas, dicen muchos con ánimos de ofendernos y la verdad es que sí, somos rabiosas con los maltratos, los abusos y las injusticias que vive la humanidad y en especial las mujeres. Todos deberíamos tener rabia, a todos nos debería indignar el sufrimiento.

Queremos gritar lo que somos, lo que valemos, lo que podemos y también nuestros orgasmos, queremos nuestros sueños realizados y no estandarizados. Queremos hacer valer nuestros derechos, queremos hacerlos ver valorados.

Lo bonito de ser feminista es ser libre.

Soy feminista porque llevo demasiado tiempo siendo mujer y sería ilógico estar en mi contra.

De razón necesitábamos un movimiento trascendental, con el que fuéramos capaces de gritar lo que sentíamos, para poder buscar lo que somos y hacer saber lo que queríamos. Necesitábamos fuerza, que el cambio se sintiera, que el estallido fuera notorio, para hacer nuestro género válido. Necesitábamos descubrir el FEMINISMO para conocer más allá de nuestras barreas sociales impuestas.

Las barreas por desgracia aún existen, se repitieron de madres a hijas, sumisión, devoción, virginidad. Mi abuela todavía dice que los hombres no deben entrar en la cocina, en el patio o lavar su ropa. Incluso pregunta si ya hice los quehaceres correspondientes a mi hermano, es irónico y desgastante, pues las labores que entre todos podrían ser más rápidas y eficientes, pasan a limitarse al número de mujeres de la casa.

Hay quien justifica todo esto, dice que así es y deberá ser siempre, que en la mayoría de animales funciona así, las hembras cuidan los huevos, las crías o el nido. ¡Exacto! Funciona así en los animales, los cuales son seres que no buscan una sociedad justa basada en derechos, si no en instinto.

FEMINISMO, sin siquiera saberlo, empezó a librarnos de la cultura fijada. Empezaron a nacer las mujeres que dijeron “NO”, existieron otras tantas que corrieron, y muchas más que se arriesgaron a ser diferentes y fuertes. Por ellas mismas, no por nadie más.

No queremos decir con esto que los hombres no han sufrido de injusticias, que se les ha humillado y trató mal, pero, no reconocer que las mujeres no han sido respetadas como lo que son, es un problema sin lugar a duda.

Somos HUMANISTAS, defenderemos y apoyaremos siempre que esté en nuestras manos; y por eso no nos cegaremos ante una realidad latente “mujeres víctimas de un ideal que ha quebrantado su autoestima”.

Imagínate la violencia a la que tiene que ser sometido alguien, para creer que eres completamente incapaz de hacer algo. De ser dependiente de una persona, que te maltrata, te humilla y te quebranta.

Esto, aunque muchos no lo crean, no es un cuento de las abuelas, se vive hoy, y muchas ¡lo viven todos los días! La violencia es real, no es un cuento dramático nuestro, todos los días hay mujeres asesinadas, mujeres que no se atrevieron a hablar, que fueron rotas y maltratadas. Por ellas el FEMINISMO sigue vivo.

Esto es el feminismo, la liberación de la cultura impuesta y una ayuda al desarrollo social, que este mundo necesita vivir. Estamos en un planeta, que se está ahogando en la situación ambiental, económica y política. ¿Qué mal podría causar un movimiento que promueve la igualdad y el respeto?

Estamos buscando una solución a estos problemas de índole humanístico. Debemos empezar por entender que todos somos iguales, que todos somos humanos que merecemos los mismos tratos y merecemos una sociedad sin violencia, donde sea posible vivir.

El cambio de pensamiento sabemos que no es fácil, es desprenderse de la “cultura” que ha acompañado generaciones. Pero es mejor, es así como aquellas valientes mujeres que le dijeron “NO” a la mutilación genital, ellas decidieron elegir y sentir, antes que permitir que una cruel tradición eligiera sobre tu cuerpo.

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