Lo que no queremos ver

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Un corazón dibujado en la arena, con el mar de fondo.

Hola, mi nombre es Victoria, y hace poco escuché algo que me dejó impactada, cambió mi forma de ver el mundo y lo que me rodea.

¿Sabían que hay una isla de basura de entre 700 mil y 1,5 millones de kilómetros cuadrados en el Océano Pacífico?

Esta superficie es mayor a la de Colombia (1,1 millones de km cuadrados), y lo peor es que va creciendo cada vez más. Esto me hizo pensar en la cantidad de plástico que utilizo diariamente, y que no sabía a dónde se dirige. Pero ahora sí, y por eso creo que todos deberían saberlo y así poder tomar conciencia del mal que le estamos haciendo a la flora y fauna marinas, e indirectamente (por ahora) a nosotros mismos. 

¿Queremos vivir en un lugar donde un día vayamos a la playa y en vez de mar veamos toneladas de plástico?

¿Qué podemos hacer al respecto?

Creo que todo empieza por nosotros mismos. Tenemos que correr la voz y empezar a cambiar algunas pequeñas cosas de nuestra vida diaria. ¿Qué nos cuesta llevar una bolsa de tela cada vez que vayamos a hacer compras? ¿Por qué no mejor poner nuestro pantalón nuevo en el bolso/cartera/mochila que llevamos?

Al mismo tiempo, hay que incitar a nuestros gobernantes a realizar pequeños cambios en nuestra legislación. En la ciudad de Pinamar, Buenos Aires, Argentina, una ordenanza municipal prohíbe a los comerciantes entregar sorbetes de plástico.  Cuando fui con mi familia, mis padres estaban extrañados. ¿Y cómo toman la gaseosa? Como hacemos cada uno en nuestras casas, en realidad no cambia mucho. Los sorbetes representan una pequeña cantidad del plástico producido en el mundo, pero tardan en descomponerse entre 500 y 1000 años, lo que nos hace preguntarnos si son realmente necesarios. Y si lo son, por qué utilizamos para ellos un material tan destructivo para el ecosistema si podemos reemplazarlo fácilmente por metal, bambú, etc.

Hay que recordar que todo empieza por nosotros. Y si queremos lo mejor para nuestro futuro, hay que apurarse para revertir los errores que nuestros antepasados cometieron pensando en su presente, tal vez sin mala intención, pero descuidando las consecuencias que sus actos traerían.

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