Los barrotes de nuestra cárcel

Post
Imagen
Tres mujeres apoyadas una sobre la otra.

Todas hemos crecido con estereotipos de género. Nos los han transmitido nuestras familias en el hogar; los espacios de socialización como escuelas, clubes, iglesias; los medios de comunicación, etc. Nadie de nosotras ha salido ileso. Nos hemos criado, educado y formado en base a ellos.

A todas nos han dicho alguna vez que por el sólo hecho de ser mujer debíamos portarnos mejor que los niños. Que el fútbol es cosa de hombres. Que nos debía ir mejor en la escuela. Y así aprendimos la sumisión. Que una buena niña no molesta.

A todas nos han dicho alguna vez, ya de adolescentes, que debíamos estar siempre bien vestidas. Que la delicadeza era nuestra mayor virtud. Que debíamos conseguirnos novio y de mayor tener hijos. En algunos países más desfavorecidos, muchas mujeres son obligadas a casarse con un hombre a temprana edad. Y así aprendimos que somos complemento de los hombres, y sin ellos, siempre estamos incompletas.

Pero hoy, en medio de tanta marea de empoderamiento femenino, de revolución, de lucha, algo está cambiando. Está cambiando la posición que socialmente se nos atribuye a las mujeres. Podemos ser científicas, árbitros de fútbol, periodistas. Podemos ser madres o no. Podemos casarnos o no. Hay pequeños espacios de libertad que hemos conquistado con nuestra voz.

Si bien queda mucho camino por delante, muchas desigualdades que equiparar, muchas injusticias que erradicar, mucha violencia, mucha discriminación, mucha infravaloración hacia las mujeres; tenemos lo necesario para seguir transformando la realidad, nuestra voz que no se silencia, nuestras ideas que no se compran y nuestros derechos que defenderemos con el puño en lo alto.

Los estereotipos de género de a poco van dejando de ser los barrotes de nuestra cárcel. Y en un futuro dejarán de existir completamente. Ya que nada ni nadie puede limitar el poder de una persona ni la fuerza de su voz.

Blog
Argentina