Reimaginando el futuro de la salud

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Daryl Álvarez working with a group of youth

Antes de empezar a escribir este artículo, no quería empezar con malas noticias, ni con datos que mostraran el gran problema que la falta de acceso a servicios sanitarios supone. Me dije a mi misma que quería empezar de manera positiva, hablando de lo bonito que puede ser el futuro si trabajamos juntos por ello, pero ¿cómo puedo hablar de lo importante que es el derecho a la salud sin hablar de la terrible situación en la que nos encontramos?

400 millones de personas no tienen acceso a servicios sanitarios básicos y 100 millones de personas fueron empujadas a la extrema pobreza en 2017 por el alto coste de estos servicios. La pandemia del COVID-19 ha hecho esta situación aún más difícil para millones de personas  en todo el mundo. Los hospitales están saturados de pacientes, los médicos cansados y superados por la situación; en algunos países, las personas no son capaces siquiera de permitirse unas pastillas, mientras que algunas familias se vieron obligadas a abandonar los cuerpos de sus seres queridos en las calles.

Sé que esto es difícil de leer y es incluso aún más difícil de imaginar el dolor que esas personas han tenido que pasar durante la pandemia, pero debemos intentarlo. Tenemos que ser plenamente conscientes de lo que está pasando para entender la urgencia de la situación. 

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Child sitting in the forest

Tengo que admitir, que hace menos de un año, no era consciente de esto. Sabía que tener acceso a servicios sanitarios de calidad era importante, pero nunca había dedicado mucho tiempo a pensar sobre ello.

Afortunadamente para mí, nací en un país, España, donde tener acceso a servicios sanitarios de calidad está asegurado para toda la población, así que di por hecho lo que otros consideran un privilegio.

No fue hasta septiembre, cuando me ofrecieron participar en un proyecto de voluntariado sobre neumonía infantil que empecé a pensar más sobre esto. “¿Cómo he sido tan estúpida?” me pregunté a mi misma. Por supuesto, sabía que en muchos países el derecho a la salud no estaba asegurado, pero no era consciente de lo terrible que era que te priven de ese derecho fundamental y de lo estrechamente vinculado que estaba a otros derechos humanos, como la educación, el trabajo o la vivienda. 

Tal vez algunos de vosotros os sentís de la misma manera. Esta crisis nos ha dado un duro golpe y nos ha hecho darnos cuenta no solo de lo importante que es el derecho a la salud, sino de lo interconectado que está el mundo. Lo que pasa en la otra punta del mundo nos afecta de una manera o de otra, y no podemos seguir mirando hacia otro lado. Tenemos que hacer algo y el momento es ahora. 

El acceso a servicios sanitarios de calidad es un derecho, no un privilegio. ¿Es que vivimos en un mundo donde la vida de unas personas vale más que otras? Me niego a aceptar eso. 

Me niego a vivir en un mundo donde el acceso a servicios sanitarios es un privilegio para millones de personas; donde tu estatus social o económico, tu edad e incluso tu género determina si vas a vivir o morir. No quiero vivir en un mundo donde enfermedades que son fácilmente prevenibles y tratables matan a millones de personas cada año porque no pueden permitirse pagar por el tratamiento.

El acceso a servicios sanitarios de calidad es un derecho, no un privilegio. ¿Es que vivimos en un mundo donde la vida de unas personas vale más que otras? Me niego a aceptar eso. 

Durante esta pandemia, hemos visto lo mejor y lo peor de la humanidad. Hemos visto a países y a personas comportándose de manera egoísta, mirando solo por si mismos; pero también hemos visto a gente haciendo todo lo posible para apoyarse los unos a los otros, compartiendo palabras de aliento a través de las ventanas y empezando iniciativas para apoyar a los más vulnerables en sus comunidades y países.

Esto me de fuerza para reimaginar un mundo en el que la vida de todas las personas es importante y donde el acceso a servicios sanitarios y el derecho a la salud estén asegurados para cada uno de nosotros. 

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Daryl Álvarez, Henrietta Fore and Ridhima Pandey at the Global Forum on Childhood Pneumonia
Los jóvenes son los que en los próximos años tomarán el relevo en sus países y serán los que paguen el precio de las decisiones actuales. Debemos tener un lugar en la mesa. 

Por supuesto, los sueños son sueños si no trabajamos duro para que se hagan realidad. Este sueño solo se hará realidad con el trabajo de cada uno de nosotros. No podemos asegurar el derecho a la salud sin la cooperación de los gobiernos, organizaciones internacionales, el sector privado y la sociedad civil, y tampoco podremos hacerlo sin la participación de los jóvenes.

Los jóvenes son los que en los próximos años tomarán el relevo en sus países y serán los que paguen el precio de las decisiones actuales. Debemos tener un lugar en la mesa. 

No podía quedarme sin hacer nada. Quería hacer algo para que este sueño se haga realidad, y hace un par de meses empecé con un grupo de jóvenes “Generations for Health”.

Esta iniciativa quiere crear un espacio de diálogo entre jóvenes y líderes mundiales del sector para encontrar soluciones a los mayores retos de salud global, un espacio donde los jóvenes puedan alzar sus voces y que estas voces lleguen a aquellos que toman las decisiones importantes.

Soy consciente de que esto sólo no cambiará el mundo, pero es un comienzo. Puede que yo sola no pueda asegurar el derecho a la salud para todo el mundo, pero juntos podemos hacerlo. 

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