Varía el valor del "afuera"

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Barrio sobre calle Cordón Colón

Varía el valor del afuera.

Ya son cinco meses, qué rápido se nos va el tiempo cuando estamos concentrados únicamente en nuestro día a día. Ya son cinco meses condicionados, restringidos, aislados.

Recuerdo cuando todo comenzó, llevábamos un par de semanas en situación de aislamiento social. Para ese entonces pocos tenían la posibilidad de salir alguna vez. Yo la tuve, una vez. Las calles irreconocibles, las personas distanciadas, con una constante presencia de miedo.

Ese jueves 26 de marzo, aproximadamente entre las dos o tres de la tarde mi mamá y yo nos encontrábamos camino a hacer unas compras para nuestros vecinos mayores de edad. Ese día me tocaba a mí, que sin expectativas ni pensamientos previos me subí al auto y arrancamos.

Íbamos pasando el colegio Lincoln, bajando por la calle Cordón Colón. En eso se me vienen a la cabeza imágenes y recuerdos de como se veía esa zona. Un lugar ocupado por una clase media/baja, humilde, aunque ciertamente siempre alegre, colmada de niños en sus mundos de juego e inocencia no tan inocente. Familias compartiendo el afuera, como si todos fuesen uno. Disfrutando plenamente pequeños instantes que valían mucho más de lo que aparentaban.

Con ese recuerdo vívido esperé atentamente, mirando por la ventana, olvidando que hace ya varios días eso no era posible. Un duro golpe de realidad el de aquella tarde. Nada de niños en sus bicicletas riendo, nada de mates en la vereda ni conversaciones entre los dueños de aquellos pequeños negocios. Nadie compartiendo, nadie siendo, nadie afuera.

¿Qué tan importante es ese “afuera” para cada uno? Pregunta que parecía no importar ni trascender hasta hoy. Resulta ser que, lo que para muchos era innecesario o sin gran valor, para otros lo era todo. En tiempos de cuarentena han salido a la luz cantidad de situaciones que hacen notar la desigualdad en la sociedad, cosa que muchos ven como algo lejano o les es un poco indiferente.

Si bien hoy en día todos extrañamos salir, muchos cubren esa necesidad con otras actividades. Tienen la posibilidad de hacerlo con facilidades como acceso a internet, espacio físico suficiente en su hogar, elementos de entretenimiento, apoyo familiar, entre otros. Siendo sinceros, no es la situación de todos.

Para aquellos niños con hambre de recorrer, de conocer, de vivir, pero en condiciones fuera de su alcance que los limitan, la posibilidad de salir lo es todo. Para aquellos jóvenes y adultos que se ganan la vida día a día, sin nada resuelto del todo y a veces tapados por el estrés de la incertidumbre sobre el qué pasará. Para ellos son instantes de descanso, de relajarse y de distracción que le dan sentido, valor y motivación al constante esfuerzo. A tal punto que es imposible de reemplazar.

Recuerdo bien hace unos meses, mucho antes de que la palabra "cuarentena" pasara por nuestras mentes, ver pasar a dos niños de aquel barrio en sus bicicletas. Ya los había visto varias veces, siempre felices, siempre plenos, siempre afuera. Iban a gran velocidad. Sin importarles mucho hacia donde, pero allá iban. Disfrutando como pocos lo que todos deberíamos apreciar. En su momento no lo supe ver, hoy lo entiendo de otra forma. No, ellos no solo estaban matando el tiempo, lo estaban viviendo plenamente.

La situación que atravesamos hoy en día es una de las pocas cosas que la sociedad en su totalidad tiene en común. Aun así, sigue existiendo esa desigualdad que nos lleva a afrontar de manera distinta lo que ocurre, a que las medidas tomadas en general impacten de forma muy diferente a cada uno en particular.

En este caso, el aislamiento, el no salir, el no poder explorar y conocer. Verse obligados a convivir en un mismo espacio con la familia, a buscar otros entretenimientos, adaptar nuestro estilo de vida a nuestras casas. ¿Qué tanto sentimos esa ausencia del estar afuera en estos momentos? Depende de lo que ese espacio y posibilidad signifiquen en nuestras vidas cotidianas.

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