¿Cómo fomentar la participación ciudadana en los jóvenes?

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En la imagen hay dos manos: la de la madre y la de un niño. La madre está ayudando al niño a depositar su voto en una casilla.

Es muy raro ver que los jóvenes se formen para emitir su voto en una casilla en tiempos de elecciones, y es incluso más raro verlos como postulantes políticos. Los adultos se han percatado de este fenómeno y lo han simplificado a una cosa: “los jóvenes son demasiado egoístas como para interesarse en un tema de bien social”. Pero ¿eso es lo que pasa? ¿Preferimos por mucho quedarnos en nuestras casas para así tener más tiempo de inflar nuestros egos consiguiendo likes en nuestras redes sociales en vez de ejercer nuestro derecho a votar? ¿No será que nos sentimos excluidos de la política?

Para contestar a esto revisamos los datos. De acuerdo con el informe mundial de la ONU sobre la juventud, solo un 44% de los jóvenes entre los 18 y los 29 años “siempre votan” frente al 60% de los ciudadanos del resto de rangos de edad. (Ciudades amigas de la infancia, 2016). Ahora, ¿qué pasa en temas de representación ciudadana? La Unión Interparlamentaria (UIP) informa que las personas entre 20 y 44 años representan el 57% de la población mundial en edad de votar, pero sólo al 26% de los parlamentarios del mundo (IknowPolitics, 2017).No importa los informes que se revisen, en todos los países es lo mismo: los jóvenes no votan ni se postulan. Pero ¿sabemos por qué?

Mi primer contacto con la democracia fue sin duda en la escuela con las materias de cívica y ética, de ellas no recuerdo mucho, mi memoria debe de haber olvidado aquella información que no le hacía mucho sentido conservar como: el himno nacional, las fechas de independencia, quienes participaron para escribir la constitución, y un largo etcétera de datos que no tenían importancia para mí. En otras palabras, no me enseñaron a entender la democracia ni la historia de mi país, solo me obligaron a memorizar datos, como si fuera una hoja de Excel. Lo peor de todo es que a lo largo de mi educación eso era lo que me enseñaban: fechas y nombres. ¿Qué pasaría si en vez de forzarme a estudiar datos, me hubieran enseñado a comprender el contexto en el que vive mi país? Tal vez, el interés de mis compañeros y el mío hubiera sido otro, si hubiéramos actuado de algunos políticos y hubiéramos hecho campañas con las propuestas de los diferentes partidos de esos tiempos. En fin, hacer más práctico el conocimiento.

¿Quieren que los jóvenes se interesen por la democracia? No les hagas exámenes de fechas, es más no hagan exámenes, midan mejor su compromiso social con causas que les interesen como el cambio climático, el racismo o la igualdad de género.

Cuando me volví mayor de edad, y por fin tenía la capacidad de votar, decidí que votaría estando bien informado. Un día mientras estaba viendo conferencias por internet de diferentes partidos, mi padre notó que estaba escuchando hablar a un político opositor al que él apoyaba; se acercó a mí y me dijo: “si votas por él, olvídate de la universidad”. No le interesó saber por qué lo estaba escuchando, no me preguntó, simplemente me amenazó. Allí murió el poco interés que tenía en la política, para no hacer la historia larga, no voté por nadie. Había escuchado que muchas empresas condicionan a sus empleados para que voten por ciertos partidos, de lo contrario los despedían. Pero jamás me imaginé que mi propio padre, que se supone me debería de alentar a ejercer mi derecho al voto, me amenazaría.

Muchos jóvenes están interesados en votar, pero no sienten que tengan la información necesaria para hacer una acción de tal importancia. Aquí es donde pueden entrar los adultos, para ayudarnos a comprender un mundo completamente desconocido; sin embargo, con esto no me refiero a que nos tienen que imponer sus creencias, sino a que sean nuestros mentores, que nos apoyen a que nosotros encontremos un partido, una institución o un político que se alinee con nuestros valores.

La política, desde sus inicios, ha sido dirigida por los de avanzada edad —no sé en los demás países, pero al menos en el mío, es más probable ver a un luchador o a un jugador de fútbol postularse para un puesto político que a un joven—. En las campañas, los partidos eligen siempre al más viejo como representante. Pasa lo mismo que con los trabajos: “se ve que tienes un buen perfil, pero como que te falta experiencia”. Llevo un rato trabajando en recursos humanos, y de algo estoy muy seguro, para la mayoría de los puestos no es importante la edad ni la experiencia, brinda mucha más perspectiva los valores de una persona y el deseo por querer mejorar su entorno. No dudo ni un poco que la edad ayuda a entender los problemas; sin embargo, esa edad hace que muchos políticos den soluciones a problemas de hace 50 años y no a los actuales.

No estoy diciendo que los jóvenes deberían de sustituir por completo a los adultos, pero sí que debería de haber cierta diversidad en edades, en géneros, en razas y en clases sociales. Dejemos de lado el prejuicio de la edad, nuestros años vividos no son proporcionales al nivel de ingenio en las propuestas o ideas que tenemos.

Una cosa debe de quedar bien en claro, la democracia va más allá de ejercer el voto, es actuar activamente en las decisiones de un país, y para que esto se logre todos tenemos que participar. Más que hacer que los jóvenes se identifiquen con un partido, tenemos que hacer que se involucren con causas, que entiendan la importancia y el funcionamiento de la política, y, por último, que los adultos nos den la oportunidad de ser representantes a pesar de nuestra poca experiencia, porque ese no es un factor tan importante como pensamos.

Bibliografía:

1.Ciudades amigas de la infancia. (09 de 15 de 2016). Ciudades amigas de la infancia. Recuperado el 17 de 01 de 2021, de https://ciudadesamigas.org/la-democracia-nutrirse-las-nuevas-formas-par…

2.IknowPolitics. (3 de 04 de 2017). IknowPolitics. Recuperado el 17 de 01 de 2021, de https://www.iknowpolitics.org/es/discuss/e-discussions/la-participaci%C…

 

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