Coronavirus: una lección para la salud mental

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Photo by Dan Meyers on Unsplash

Recuerdo sentir como me sumergía en una profunda oscuridad. “¡Ocúltalo!” me decía a mi misma. “Que no se note que sientes. Sonríe y oculta tu pena”.

Vivimos en una sociedad en la que sentir de más no está bien visto, en una sociedad en la que seleccionamos que mostrar, enseñando y compartiendo solo risas, viajes y fiestas; muchas veces vacías de sentido, vacías de felicidad. ¿Por qué lo hacemos? Simplemente nos hace sentirnos mejor, como si todo el mundo creyera que nuestra vida es así, entonces puede que lo sea, y no somos conscientes de las consecuencias.

Mostrar ese falso estado constante de felicidad nos hace sentir que hay algo extremadamente malo en no estar bien, en que sentirse triste, solo, depresivo o ansioso es ofensivo. Nos hace sentir que no podemos permitirnos esa debilidad, que somos un monstruo, una anomalía de la naturaleza, y lo ocultamos y fingimos que no pasa nada, como si evitarlo fuera a hacer que desapareciera.

Huimos muchas veces de nuestros problemas, distrayéndonos del dolor mediante fotos, relaciones superficiales, comida o bebida, y en algunos casos hasta en alcohol y drogas; fingiendo que todo está bien, fingiendo que no nos sumergimos en esa oscuridad que nos espera cuando nos quedamos a solas con nuestros pensamientos, metiendo nuestros sentimientos en ese agujerito donde lidiamos con ellos sin que nadie lo sepa.

“Sé fuerte, no llores” es algo que he oído tantas veces en mi vida que he relacionado llorar y mostrar tus miedos y debilidades con algo malo, pero no es así.

Si hay algo que he aprendido en esta cuarentena es que requiere mucho más valor y más coraje admitir que no estamos bien, abrirse y enseñar tus miedos y preocupaciones a otra persona que pretender que todo está bien.

Requiere mucho más valor pedir ayuda que intentar arreglarlo nosotros mismos. He aprendido que vivimos en un ritmo tan acelerado que hemos aprendido con gran maestría a ignorar nuestras emociones entre comida, salidas y televisión; pero esto no soluciona nada, porque al final del día esos sentimiento siguen ahí, e ignorarlos no va hacer que desaparezcan.

Durante muchos años tuve anorexia, y aunque me cueste reconocerlo, es un monstruo que todavía está ahí acechándome en esos momentos de debilidad, e ignorarlo y guardarlo para mí misma no va a hacer que mejore. Es difícil, sí; pero poco a poco, paso a paso las cosas mejoran. No estás solo. Nunca lo olvides.

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