Y la salud mental, ¿dónde queda?

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Dos mujeres llorando y abrazándose
Dos mujeres llorando y abrazándose

Hace algún tiempo atrás me encontraba yo en lo que se puede considerar una “vida de adolescente normal”, me encontraba estudiando, yendo a la escuela con mis amigos y tratando de sobrellevar mis problemas de adolescente. Desafortunadamente mi vida dio un giro de 180 grados cuando me di cuenta que me encontraba en una pandemia global, por obvias razones deje de cumplir con rutina diaria, deje de hacer todo lo que ya he mencionado de manera repentina.

Al principio creía que todo iba bien y que no tardaría mucho en regresar a mi vida normal, sin embargo poco tiempo después me di cuenta de que no sería así y la pandemia se extendía cada vez más, poco a poco me di cuenta mis “problemas de adolescente” eran mucho más grandes de lo que yo creía y no tenía a nadie a quien acudir. Supuse que si me los guardaba me sentiría mejor, evidentemente no fue así e incluso llegue a sufrir pequeños ataques de ansiedad en donde sobre pensaba las cosas y mi cuerpo sufría físicamente las consecuencias de este. No paso mucho tiempo antes de que me diera cuenta que no era la única que sentía así, algunos amigos (que con suerte llegaban a decirme como se sentían por miedo a ser juzgados) me contaban sus experiencias personales y el por qué se sentían mal.

De ahí surgió una pregunta: ¿por qué si la mayoría nos sentíamos mal, no buscábamos ayuda? Mi respuesta no tardo demasiado en ser respondida, pues a mi cabeza vinieron todas las veces en las que alguien me dijo que pedir ayuda para la salud mental era de “locos” refiriéndose a algún conocido que es encontraba asistiendo a un psicólogo. También llego a mi mente las veces que alguien o yo misma creí que necesariamente tenía que tener un trastorno mental para asistir con un profesional, además de las incontables veces que juzgue de mala manera a alguien por hacerlo. Incluso la misma familia y amigos cuando se habla del tema minimiza esos problemas haciendo que la persona que pide ayuda oculte aún más esos problemas.

Presentaría muchos ejemplos más, pero creo que son suficientes para darnos cuenta que por lo menos en México no se tiene la cultura de la prevención de la salud mental. Existen prejuicios impuestos por una sociedad en donde incluso las conductas violentas son menos repudiadas y más normalizadas que asistir con profesional de la misma, ya que son habituales. Es más difícil tratar de trabajar en uno mismo protegiendo la propia salud mental, desafortunadamente en México sólo el 5 % de las escuelas cuentan con un psicólogo además se observa que solo el 50% de las personas que buscaron atención especializada en salud mental, recibieron un tratamiento adecuado. Esto dice mucho sobre la importancia que se le toma a la salud mental en mi país la cual prácticamente es mínima o en ocasiones nula.

Añadido a esto, la pandemia presento muchos más problemas para muchas personas pero sobre todo para los adultos. Tan solo hasta el escrito de este ensayo existen  232 mil 564 muertes por covid-19 y alrededor de 1 millón de personas han perdido empleos formales en México, dando pie aún más a problemas relacionados con la salud mental debido al estrés del confinamiento y la posibles pérdidas de un ser querido o un empleo que era el proveedor para el sustento familiar. Esto provocó que muchos adolescentes empeoraran su estado de salud mental o bien teniendo nuevos problemas.

Teniendo en cuenta todo a lo anterior creo que se puede rescatar que con una pobre cultura sobre el cuidado de la salud mental, añadido a los problemas que la pandemia presento, nos podemos dar cuenta de lo difícil que puede ser pedir ayuda. Además, no todos cuentan con el privilegio de asistir con un profesional debido a las decadencias económicas y culturales del país. Sin embargo, existen organismos educativos y gratuitos para muchos estudiantes los cuales podrían beneficiar al adolescente.

Ahora bien, dándome cuenta que tenía la oportunidad de recibir ayuda, lo hice y creo que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado. Me encuentro en un estado de salud bastante bueno después de años de sentirme mal e incluso sigo tratando de trabajar en mí misma. Sabía que necesitaba ayuda pero no lo hacía por los prejuicios antes mencionados. 

Una vez habiendo terminado mi ayuda, me di cuenta que al parecer muchos amigos querían hacerlo pero su miedo los consumía más. He de recalcar que a pesar de que mi generación toma más cuenta la salud mental aun no es vista totalmente como “normalizada” e incluso se hacen memes en burla del mismo, es decir, desde mi punto de vista debe de ser igual de importante la salud física que la salud mental y ninguna se debe minimizar.

No soy la única que ha pedido ayuda en estos tiempos tan difíciles, he llegado a saber de personas cercanas que en confianza me han relatado su experiencia e incluso han llegado a salir de trastornos como la depresión y la ansiedad. De verdad me siento orgullosa de ellos ya que sé que no es fácil pedir ayuda por lo mal acostumbrados que estamos a verlo como algo “malo”. Además de que así han logrado sentirse mejor con ellos mismos reduciendo el riesgo de una posible tragedia.

Finalmente creo que como adolescentes debemos tener en cuenta a la salud mental como parte de nuestro desarrollo como personas. Si tenemos la oportunidad de recibir ayuda, pedirla toma valentía y el camino de recuperación es bastante largo, difícil y sin mencionar que posiblemente haya gente incluso cercana que juzgue ese proceso. Por eso, si estás leyendo esto, te sientes mal y tienes la oportunidad de recibir ayuda, hazlo, sobretodo en estos tiempos tan difíciles en donde se vive una pandemia mundial. ¡Pide ayuda! Tu salud mental es muy importante para tu bienestar como persona.

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