Esta pandemia llama, entre otras cosas, a una transformación en la educación.

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Gente de diferente género y color de piel abrazándose

El Coronavirus nos ha traído muchas enseñanzas en este corto tiempo, pero para mí, una de las más evidentes, ha sido el confirmar la necesidad tan grande para aprender a conectar con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Ante el encierro han surgido varias situaciones; una de ellas ha sido la aparición y/o el agravamiento de ciertas condiciones mentales como la ansiedad y la depresión. Eso ha hecho que varias personas vivan esta cuarentena como un encierro y como una lucha constante con la experiencia que están viviendo.

Por otro lado, mucha gente en desventaja económica está viviendo una incertidumbre que genera mucho estrés emocional y mental al estar “entre la espada y la pared” sabiendo que no es recomendable seguir abriendo sus negocios por riesgo a ser infectados y/o propagar el virus, pero también entendiendo que, si no siguen vendiendo, lo más probable es que ellos y sus familias no tengan el ingreso necesario para cubrir sus necesidades básicas.

Estos problemas son muy diferentes en muchos aspectos, pero un primer paso para empezar a hacerle frente a estos problemas, viene de la misma raíz.  

¿Qué pasaría si, desde niño/as, nos enseñaran a navegar nuestro miedo y nuestra tristeza? ¿Qué pasaría si aprendiéramos a saber qué es lo que detonan estas emociones en nosotros y contáramos con las estrategias para saber qué hacer con ellas?

¿Qué tan diferente sería nuestro mundo, si en vez de enseñarnos que el éxito tiene que ver con adquirir (ya sea conocimiento, dinero, cosas) entendiéramos que no podemos prosperar como individuos si no prosperamos como comunidad?

Estas habilidades son conocidas en el mundo de la Educación y Psicología como habilidades socioemocionales y una de las ideas que nos plantea la educación socioemocional es que el conectar con uno mismo y con los demás no es algo que traigamos de nacimiento, es algo que se puede aprender, desarrollar y, por lo tanto, enseñar.

Esto no tiene que ver con que lo/as maestro/as tengan que hacerla de psicológo/as, porque no se trata de dar un tratamiento clínico, sino de pasar de entender la educación como un medio para preparar a las personas para el mercado laboral, a entenderla como un medio para preparar a la gente para los diferentes aspectos de la vida y no sólo para el trabajo, como generalmente se acostumbra.

Tampoco pienso que un problema tan complejo como la inequidad pueda ser solucionado al 100% simplemente con enseñar estas habilidades en las escuelas, pero sí pienso que el usar esta pandemia como catalizador para empezar a cuestionarnos qué tanto del individualismo nos está dañando, tanto personal como colectivamente, es un buen primer paso para empezar a imaginar nuevas formas de organizarnos.

Formas más sostenibles y equitativas, en donde realmente estemos presentes para nosotros mismos y para nuestras comunidades.

No dejemos de lado la importancia de conectarnos con nuestra humanidad y con la de nuestra gente, pues estoy realmente convencida de que, al hacer esto, estaremos plantando una semilla para transformar nuestras estructuras mentales y así, transformaremos eventualmente las estructuras de la sociedad.

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